3 de octubre de 2012

Luis Roca Jusmet / Spinoza y la actualidad de su filosofía

Luis Roca Jusmet
Spinoza ha tenido una recepción entusiasta por parte de pensadores heterodoxos y muy potentes de la filosofía contemporánea. Jacques Lacan, Louis Althusser, Gilles Deleuze y Toni Negri fueron algunos de ellos. Cada uno de ellos cogió de Spinoza lo que le interesaba y para todos ellos su lectura fue muy fecunda. Pero me gustaría formular aquí una síntesis actual y fiel de su filosofía. Síntesis quiere decir centrarme en lo que para mí es esencial. Actual quiere decir una lectura que hoy podamos entender y aprovechar. Fiel quiere decir no hacerle decir a Spinoza cosas que no dijo. Dividiré su filosofía en una ontología, una epistemología, una ética y una política.

La ontología o teoría del ser de Spinoza es realista. No parte del sujeto pensante en una línea idealista que empieza por Descartes y continua con Kant y Hegel hasta llegar a Hurssel. Realista quiere decir que partimos de la existencia de lo real y desde ella entendemos el hombre y su proceso de conocimiento. Spinoza no es panteísta, porque Dios es una palabra que utiliza por imperativo de su época y que se refiere al Ser. Pero tampoco creo que sea materialista, como sostienen algunos de sus lectores. El Ser es eterno y se despliega a través de sus manifestaciones infinitas, de las que solo conocemos dos: la extensión (la materia) y el pensamiento (la mente). Las manifestaciones tienen una duración, se despliegan en el tiempo. Todo lo que existe está determinado. En su conjunto lo que es lo es de una determinada manera y en particular cada cosa concreta está determinada por su encadenamiento en el tiempo. Todo es necesario, nada es contingente. La mente y el cuerpo son dos atributos o manifestaciones de lo que es. No son dos sustancias pero tampoco uno. Para Spinoza, la mente no está causada por el cuerpo (ni siquiera por el cerebro): es otra dimensión de lo real. Antonio Damasio, uno de los grandes neurocientíficos actuales, considera tan acertado a Spinoza como desacertado a Descartes por su dualismo. Sería interesante relacionar a Spinoza con las reflexiones filosóficas a partir del enigma cuántico.

La epistemología o teoría del conocimiento es racionalista. Pero la parte fundamental de la razón es la intuitiva, no la deductiva. Hay tres géneros de conocimiento. El primero son las ideas inadecuadas. Estas son confusas (si vienen de la sensación o la emoción), imaginarias o ficticias. O son demasiado concretas o demasiado abstractas. La imaginación nos hace ver las cosas como posibles y no como necesario. Imaginamos que las cosas podrían haber sido diferentes pero todo pasa de la única manera que podría pasar. El bien/mal, las causas finales, el libre albedrío y las formas ideales que atribuimos a las cosas también son inadecuadas. A partir del segundo grado de conocimiento podemos hacernos ideas adecuadas de las cosas cuando captamos lo que tienen de necesario, de eterno y de común. El tercer grado o conocimiento de Dios es cuando captamos intuitivamente lo que es en su conjunto, cuando tenemos una visión global de la realidad.

La ética es el arte de vivir, el camino de la felicidad a partir de nuestro conatus. El conatus es nuestra potencia y nos conduce a la alegría. Cuando desarrollamos nuestras capacidades somos activos, tenemos poder y estamos contentos. Desarrollamos nuestra esencia singular. No somos siervos ni esclavos de los otros ni de las circunstancias. Porque los otros y las circunstancias nos encadenan a través de las pasiones tristes. Las pasiones tristes nos deprimen (la tristeza en todas sus manifestaciones) o nos envenenan a través del odio hacia el otro o hacia nosotros mismos. Odiamos a quien consideramos causa de nuestra tristeza: odio, ira, venganza, envidia, crueldad. O nos odiamos a nosotros mismos a través de la culpa, pero no hay nada más cobarde que no asumir los propios actos. También la compasión es una pasión triste porque nos encadena al sufrimiento del otro. Hemos de aceptarnos querernos en la justa medida, sin defecto (inhibición, vergüenza) ni exceso (vanidad, arrogancia). Estamos determinados, pero la libertad es entenderlo (distancia) y hacer lo necesario para afirmar nuestra potencia. La esperanza, el miedo, la indignación, la seguridad son pasiones que en un determinado momento puede ser útiles para evitar males mayores: la desesperación, el peligro, la injusticia, la inestabilidad. El bien y el mal no existen, las cosas son buenas o malas en función de su utilidad y la utilidad es lo que nos hace felices y hace felices a los otros. El deseo, que es el conatus hecho consciente, es el motor de nuestra vida pero debe ser guiado por la razón. El hombre sabio vive en un estado de serena alegría. La moral no es un código de leyes ni un sentido del deber, la moral es el deseo de hacer el bien al otro. Es nuestra alegría la que nos orienta hacia la generosidad. La moral es, por tanto, una consecuencia de la ética.

La ética nos conduce a la política porque somos seres sociales. No hay que ser esclavo ni siervo de la sociedad. Hay que ser ciudadano, que quiere decir un súbdito con derechos políticos. Pero como ciudadanos nos sometemos a las leyes. Estas leyes han de ser democráticas, porque el mejor gobierno es el de la multitud. Hay que cooperar, haciendo que todas las potencias individuales se potencien en un esfuerzo colectivo.