Gisel Farga
El presente artículo intentará atravesar una pequeña parte de la cartografía afectiva spinozista. Nos detendremos en la idea de imitación afectiva, momento en el que la categoría de otro - expresión de la exterioridad - se presenta como un desconocido de quien, a pesar de no haber tenido un encuentro específico, podemos sentirnos afectados. Desandar los caminos de la mimesis afectiva nos permite establecer un origen social afectivo que como tal descubrirá la importancia que tienen los afectos en la vida en común de los hombres. En otros términos, mostraremos el rol esencial que posee la vida afectiva en el origen de la comunidad a partir de una primera unión producto de un afecto común.
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10 abril, 2018
19 febrero, 2016
Imagen e imaginación en la filosofía de Spinoza
José
Ezcurdia
¿Cuál es el estatuto de la imagen en
la filosofía de Spinoza? ¿Qué lugar ocupa la imagen en la compleja arquitectura
de su metafísica y su teoría del conocimiento? ¿La ética de nuestro autor otorga
a las imágenes un lugar importante?
La noción de imagen en el
pensamiento de Spinoza aparece en una primera aproximación ocupar un lugar
periférico o secundario: frente a conceptos como sustancia y atributo, ley
natural o modo, la imagen se ve relegada al impreciso contenido de una
imaginación que de ninguna manera satisface los criterios de la claridad y la
distinción, que le otorgan a la razón la posibilidad de dar cuenta cabal de la
idea adecuada o verdadera.
La imaginación, a diferencia de la razón,
no hace patente el carácter activo del alma en tanto modo del atributo del
pensamiento. La imaginación está lastrada de un carácter pasivo que coloca al
sujeto en la senda del error y la falsedad.
Spinoza apunta al respecto:
Hasta
ahora hemos distinguido la idea verdadera de las demás percepciones y hemos
hecho ver que las ideas ficticias, falsas, etc., tienen su origen en la
imaginación, esto es, en ciertas sensaciones fortuitas (por así decirlo) y
aisladas, que no proceden de la fuerza misma de la mente, sino de causas
externas […] Podéis entender por imaginación lo que os plazca, siempre que se
conciba por ella algo diferente del entendimiento y que pone al alma en la
situación de un ser pasivo […].[1]
Para Spinoza, la lógica de géneros y
especies, así como el conjunto de la metafísica de la trascendencia, se funda
en una imaginación que obstaculiza a una razón capaz de asir la forma tanto de
la sustancia como causa inmanente, como de las leyes de la naturaleza que
tutelan los modos de los diversos atributos.
Nuestro autor señala en la Ética:
De
causas semejantes han nacido, además, esas nociones que llaman universales como
hombre, caballo, perro, etc., a saber: porque en el cuerpo humano se han
formado al mismo tiempo tantas imágenes, por ejemplo de hombre, que exceden su
fuerza de imaginar, no en verdad por completo, pero si lo bastante para que el
alma no pueda imaginar las pequeñas diferencias de los seres singulares (a
saber, el color, el tamaño de cada uno) […] Por lo cual, no es asombroso que
entre los filósofos, que han querido explicar las cosas naturales por sus solas
imágenes, hayan nacido tantas controversias.[2]
Ahora bien, en este punto podemos
preguntar, ¿Spinoza limita la forma de la imagen a su determinación como
expresión de la mera pasividad del alma? ¿La imágenes son el producto de una
imaginación que no ofrece ningún rendimiento epistemológico efectivo, de modo
que deban ser purgadas para asegurar una recta reforma del entendimiento?
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