Daniel Álvarez
Montero
Cohen Agrest,
Diana. Spinoza, una cartografía de la Ética.
Buenos Aires, Eudeba, 2015, 277 pp.
Una cartografía de la Ética es
el título elegido —esclarecedor por sí mismo— para nombrar el nuevo estudio de
Diana Cohen sobre la figura y el pensamiento de Baruch Spinoza. A lo largo de
sus casi trescientas páginas, el término «cartografía» va cobrando entereza
hasta su eximia significación: un trabajo que abarca, con sorprendente
agilidad, desde las formulaciones básicas de la metafísica spinozista —en
relación a la Sustancia y la formulación de sus modos infinitos, por ejemplo—
hasta las últimas consecuencias de su proyecto ético —la liberación humana o el
amor intelectual de la mente hacia Dios—.
En su planteamiento inicial, el trabajo de Diana Cohen parte de la
ineludible ontología spinozista, fundamento de todo su posterior discurso
ético, para erigir desde su expresión más elemental los pilares que llevarán el
discurso metafísico hacia toda una práctica filosófica, como es propio en la
obra de Spinoza. No son ajenos a estas primeras páginas algunos de los más
comunes y controvertidos temas de la obra del autor hispanoportugués, tales
como la formulación de su concepto de Sustancia en contraposición con la
dualidad cartesiana, la constitución de los modos infinitos y la subsecuente y
recurrente problemática en torno a la relación entre finitud e infinitud,
enfocada de la mano de la pregunta por el cómo y de qué manera se produce la
individuación de los modos, su mismidad, su identidad.
La «digresión física» de la Ética
no pasa desapercibida en esta recreación físico-ontológica de la Naturaleza,
que se desarrolla conjuntamente con la celebérrima noción de «conatus» y que, de algún modo, articula
de manera general el proyecto ético spinozista, cuyas repercusiones ontológicas
son grácilmente enlazadas con sus consecuencias éticas directas, tales como la
pregunta acerca de la primacía de un egoísmo o altruismo en la obra de Spinoza,
directamente relacionada con esta concepción que prima la conservación del «sí
mismo», y que podría extenderse hacia una aspiración política comunitaria.
Quizá una de las mayores virtudes de esta obra sea la manera en que se aprecia,
desde sus primeras páginas, la intrincada y bilateral relación entre una
ontología y una ética, aspectos indisolubles del marco spinozista y cuya
relación ha constituido, a lo largo de ya varios siglos de lecturas, algunas de
las más fecundas controversias en torno a la filosofía de este autor.
No obstante, el alcance de la obra de Cohen no se detiene en un mero
esbozo de las líneas generales del pensamiento spinozista, sino que resulta ser
un excelente compendio de algunos de los principales temas de debate en torno a
los puntos más ambiguos de la obra del célebre pulidor de lentes. Tal es el
caso, verbigracia, de la problemática respecto del suicidio o lo relativo a la
libertad humana, puntos álgidos de discusión que han recibido no pocas y
dispares interpretaciones. Cuenta, asimismo, con tres apéndices finales que
contribuyen a dar sustrato a un trabajo que logra, sin ahogarse en una densa
extensión y con sorprendente soltura, recorrer los pormenores de esta filosofía
con remarcable claridad y rigor. Estos apéndices, por cierto, merecen una
mención especial en la medida en que resultan ser un auxilio excelente para
nuevos lectores, dibujando una «carta de navegación» que permite formar una
rápida y coherente imagen de la obra.
