Isabel Balza
«Mas busca la vida ante todo su cuerpo, el despliegue
del cuerpo que ya alcanzó, el cuerpo indispensable. Y busca otro cuerpo
desconocido.»
María Zambrano,
Los Bienaventurados, 17
1. Una
(bio)política feminista desde Spinoza
En sus últimos
trabajos, Judith Butler [1] explora la posibilidad de un proyecto normativo crítico
con el que defiende la tradición liberal y aboga por una comunidad donde sea
posible el duelo y la responsabilidad hacia cualquier otro. La ontología que
Butler se propone construir piensa la corporalidad como un ámbito que permite
articular un nuevo modo de la comunidad política, invirtiendo así el paradigma
liberal al poner el acento sobre la materialidad y carnalidad de los sujetos,
aquello considerado «impersonal» por la tradición liberal.
Desde posturas
republicanas --o republicanistas--, Butler pretende articular una suerte de biopolítica
positiva que dé cuenta de las vidas de todos los sujetos. Frente a proyectos de
biopolíticas negativas o destructivas, en el sentido en el que las enuncia
Esposito (2007), creo que Butler se propone pensar y atrapar conceptualmente
aquello de la vida que se escapa al marco liberal de pensamiento. Para ello,
nos presenta un panorama de los dispositivos de la biopolítica negativa, que ya
había trazado antes en sus Cuerpos que importan, al analizar los
mecanismos de exclusión referidos a la sexuación y las sexualidades. Ahora se
fija en los marcos raciales y étnicos que juegan en las prácticas de
borramiento y rechazo de lo humano. Y entiende, al igual que Agamben y
Esposito, que éstos marcan dos esferas separadas de la vida, una vida humana –bíos−
y otra vida como mera condición biológica –zoé-- (Butler, 2006, 98).
Esposito
insiste en que una versión liberal de la ontología desecha un ámbito del ser humano
a lo informe, para acabar siendo destruido. También Butler va a incidir en esta
cuestión, y aunque reconozca la necesidad de una perspectiva liberal sobre la
autonomía del sujeto y la propiedad del cuerpo, encuentra que ello no es
suficiente. Está claro que Butler no quiere renunciar a las reivindicaciones
del derecho a la autodeterminación y la integridad corporal, que suponen una
perspectiva liberal de la autonomía del sujeto, pues ello ha permitido que las
luchas de las feministas, de gays y lesbianas o de los transexuales e intersexuales
hayan sido posibles. No obstante, encuentra que es urgente articular y defender
algún otro tipo de proyecto normativo.
Y para ello va
a fijarse en todo aquello, dice, que nos arranca de nosotros mismos y nos conduce
a un «afuera», un lugar que Butler quiere explorar para construir a partir de
ahí una nueva forma de comunidad política. Como vamos a ver, si la ontología
liberal da cuenta del bíos, de la forma de vida que en esta versión
política coincide con la definición legal de lo que somos, Butler cree urgente
recuperar para la palabra y el derecho lo que queda como una sombra informe (zoé)
en el esquema liberal, ese ámbito de la vida que nombra como deseo y
vulnerabilidad física.
Lo que nos
arranca de nosotros mismos es la corporalidad y materialidad que nos
constituye, y Butler concibe esa carnalidad humana como potencia que trasciende
al propio sujeto, aquello que lo libra de su soledad inmanente como ser
individual. Porque ahora es la corporalidad --y no ya el alma o el espíritu--
la que dota de trascendencia al ser humano. Butler pone el acento sobre la
materialidad y carnalidad de los sujetos, insistiendo en que es el cuerpo y no
ya el alma o la razón lo que de modo privilegiado permite vincularnos unos a
otros. De ahí que proclame «una insurrección a nivel ontológico» (Butler, 2006,
59).
El cuerpo nos
trasciende porque la vulnerabilidad física de nuestros seres carnales es la
condición universal de los sujetos, por lo que la tarea es la de inventar qué
modo de la política puede expresar esta vulnerabilidad. Esta precariedad es la
nota común de la vida humana, e incluso de la vida como tal, en tanto que nos
liga también con los animales no humanos (Butler, 2010, 30). Pero, además, la
vulnerabilidad es rasgo primero de los sujetos, siendo una condición del
despojo inicial y del desamparo. Por ello nos precede y, al ser cualidad
principal de la vida, es la condición de todo estar. Y lo que va a ser muy
importante a la hora de articular una comunidad: precede también a toda forma
de contrato político, puesto que no se elige estar en la precariedad (Butler,
2011, 34).
Este proyecto
de biopolítica afirmativa que Butler se propone planea sobre aquello que el
pensamiento liberal había desechado, sobre la mera vida primera, sobre la
propia materia informe que nos constituye. Y Butler denomina «vida precaria» a
ese lugar de la vulnerabilidad inicial [2].
Pero, para dar
sentido a lo Butler propone, habrá que indagar en las condiciones éticas y
ontológicas necesarias para articular tal modo de orden político. Quiero
plantear aquí que la política de la vida precaria que Butler persigue sólo
podrá ser articulada si la remitimos a un concepto de vida y de corporalidad
que recoja la tradición spinoziana. Ya Butler insinúa [3] que deberíamos volver
a repensar las categorías spinozianas para poder enunciar nuevos modos de la
política que asuman la vulnerabilidad corporal. Mas si atendemos a las críticas
que ha recibido el esquema butleriano de pensamiento, parece difícil conjugarlo
con esa impronta spinoziana.
Autoras como
Moira Gatens, Elizabeth Grosz, Susan James, Genevieve Lloyd, Rosi Braidotti,
Beth Lord o Hasana Sharp, entre otras, han llevado a cabo una interpretación de
la filosofía spinoziana en clave feminista, señalando la necesidad de
considerar la corporalidad desde los planteamientos de Spinoza. Por otra parte,
autoras que se enmarcan en lo que se denomina «Feminismo material», como son
Stacy Alaimo, Claire Colebrook, Karen Barad o Vicki Kirby, entre otras (Alaimo
y Hekman, 2008), también van a indagar en las raíces materialistas del
feminismo. Muchas de ellas se enfrentan al denominado feminismo de género (o
feminismo de la igualdad), y criticarán las posiciones teóricas de Butler, como
veremos.
¿A qué nos
referimos cuando enunciamos una biopolítica feminista? Con biopolítica feminista
me refiero a un modo de entender la ligazón entre la vida y su norma, o un modo
de articular la política que dé cuenta de aquellos aspectos de la vida que el
feminismo ha reivindicado siempre, como son la materialidad de los cuerpos y la
vulnerabilidad de los sujetos. Una biopolítica feminista abordará aquello
considerado impersonal por la ontología liberal, aquello desechado por no
considerarse propio del ámbito del sujeto, aquello que, más bien, roza lo
animal o que nos emparenta con lo animal.
Porque ha sido
el feminismo quien se ha ocupado de esos lugares precarios, de esos topos
vulnerables. Es el feminismo quien ha atendido a la corporalidad y
vulnerabilidad subjetivas. Quizá sea el momento de una alianza entre el
feminismo como teoría crítica, la ontología spinoziana y la mejor tradición
republicana ante los distintos ataques que sufren los derechos y los cuerpos de
las mujeres. Ante las distintas cruzadas moralistas que sustraen nuestra
libertad y nos condenan a la miseria. Es esta alianza entre el feminismo y
Spinoza lo que me interesa explorar.
