Libertad y potencia. El conatus
El Tratado Teológico-Político fue publicado a principios de 1670: apenas unos meses después de la muerte de Adriaan Koerbagh. Fue publicado sin mencionar el nombre de su autor y con un falso pié que indicaba su impresión en Hamburgo. pero pronto quedaron pocos que dudaran de que Spinoza el maldito era su autor y de que había sido editado en Amsterdam por el librero Jan Rieuwetsz. En las Provincias Unidas, en Alemania, en Inglaterra, en Francia... fue leído desde el mismo 1670 y, desde ese año, aparecieron refutaciones y panfletos escritos en su contra. El propio Spinoza -que ha trasladado su residencia a La Haya- no esconde, al menos inicialmente, su autoría. Así, en 1671 se ofrece a Leibniz para enviarle un ejemplar si aún no lo tiene y “si no le incomoda” (otra cosa pasará más adelante: cuando la Ética esté concluida no querrá que llegue a su poder); a pesar de ello en 1671 escribe a Jelles para impedir la publicación de una traducción de la obra al neerlandés: en 1667 Jan de Witt había conseguido un cierto grado de estabilidad frente a las críticas de los orangistas cuando la flota holandesa destruyó parcialmente la inglesa, pero un nuevo deterioro de la situación política entre 1671 y 1672 lo cambia todo. Los enemigos exteriores de Holanda calculan los avatares de las tensiones políticas y dan pasos para apoderarse de su potencial económico. De nuevo, por tanto, precaución en política interna: los partidarios de la casa de Orange mueven sus alianzas y juegan fuerte.
Francia e Inglaterra, que habían
firmado en 1670 un pacto secreto para atacar simultáneamente los Países Bajos,
deciden lanzarse a la conquista y, en 1672, declaran la guerra. Aunque la flota
holandesa detiene a los barcos ingleses, no consigue frenar a las fuerzas
francesas que avanzan a lo largo del Rin y ocupan en pocos meses la mitad del
territorio de la República. La resolución de los conflictos se precipita: como
de Witt temía, el ataque francés es aprovechado por el joven Guillermo de
Orange y sus partidarios. Se producen revueltas y atentados diversos y, en uno
de ellos, el 20 de agosto, Comelius y Jan de Witt son asesinados.
Guillermo hizo declarar nulo el decreto
que suprimía el cargo de estalúder, se hizo investir como tal por Holanda,
Zelanda y Utrecht, fue designado jefe militar tanto del ejército terrestre como
de la marina de los Países Bajos y prosiguió la guerra contra ingleses y
franceses (aliándose con España frente al rey de Francia en la fase final).
Alguno de los biógrafos de Spinoza cuenta -dato incontrastable- que al conocer
la noticia del asesinato de los de Witt quiso salir a las calles a pegar o
colocar carteles expresando su rabia contra los que llamaba “ultimi barbarorum".
En cualquier caso, tras el derrumbe
de la república en cuya supervivencia, mal que bien, cifraba la garantía de la
libertad de expresión y de pensamiento, Spinoza debió sentir como perentoria la
exigencia de precaución y cuidado (“caute”). Es fácil pensarle desde la imagen transmitida -de
nuevo la historia mítica del personaje- por el relato biográfico: entregado al
estudio y entreteniendo las horas en la contemplación de guerras entre moscas y
arañas en la casa del pintor Van der Spyck en una de cuyas habitaciones se
alojaba. Seguía puliendo lentes y acrecentando su fama en la materia, ya sin
agobios financieros. Llevaba una vida frugal y austera y contaba con una
pensión anual que heredase en 1667 a la muerte de su amigo Simón de Vries. Una
vida, quizá, un tanto solitaria: a la muerte de de Vries y de Adriaan Koerbagh
se añade en septiembre de 1672 -año desastroso para Spinoza, como para la misma
República- la de Johann Koerbagh. Van den Enden se ha trasladado a París, donde
ha abierto nueva escuela (y, quién sabe si también el camino que le llevará a
la Bastilla y a la horca) y de los viejos amigos sólo parecen quedar Jaris
Jelles y Lodewyk Meyer (el médico que le atendió en las últimas fases de la
enfermedad que le llevaría a la muerte). Algún documento parece sugerir que
quizá intentase a principios de 1673 conseguir asilo en la ciudad Toscana de
Livorno, pero lo que es seguro es que en febrero de ese mismo año rechazó un
ofrecimiento formal del elector palatino para enseñar filosofía en la
Universidad de Heidelberg arguyendo que no quería de ningún modo restringir o
comprometer su libertad de filosofar. Es muy probable que siguiera contando con
buenos contactos entre gentes influyentes, como permite colegir la carta que en
1675 envía al joven Albert Burgh para reprocharle su conversión al catolicismo
y el dolor provocado con ello a su familia, o un extraño viaje a Utrecht, en
1673, en plena guerra, al mismísimo cuartel general de las tropas del gran
Condé por invitación de Stoupe (que había hecho referencias críticas al TTP en
una colección de cartas que publicó con el título de La religión de los
holandeses): parece
que algunos holandeses le habrían acusado de traición al enterarse de tal
visita... aunque no parece haber sido molestado por las autoridades por esa
cuestión.

