Diego
Tatián
I. Si la Ética puede ser concebida como una filosofía de la paz que
concierne a la existencia de los seres humanos en tanto partes de la naturaleza
(y en cuanto tales sometidos a la acción antagonista de causas exteriores no
convergentes con la plenitud del conatus singular --es decir sometidos
naturalmente a una guerra de potencias inmediatamente contradictorias--), en el
Tratado teológico-político la paz
refiere sobre todo a la paz civil en el interior de un cuerpo político (la “paz
de la república” [2]), mientras que el Tratado
político agrega el problema de la paz exterior en tanto alianza entre
cuerpos políticos diferentes. El sentido profundo del spinozismo aloja una
filosofía política de la paz entre las ciudades que se halla en estricta
continuidad con la paz interior de los Estados (bajo la forma democrática), con
la pequeña física y con la ontología propiamente dicha.
En su introducción al Tratado político Charles Ramond
establece un vínculo entre el concepto de “pacto”, el concepto físico de
“composición”, el concepto religioso de “alianza”, el “consentimiento” y el
“equilibrio” en el registro afectivo, para indicar que en el spinozismo la
existencia de toda entidad natural o política tiene por condición una “paz”, en
sentido extenso del término, que aquellas palabras designan. De manera que
tendríamos en Spinoza una filosofía de la paz que desborda la dimensión
política y se extiende a la realidad toda [3]. Democracia sería el precipitado
último, la forma al fin hallada que expresa de la manera más plena esa ontología
spinozista de la paz, no solamente como paz civil sino también como condición
de la paz entre ciudades [4] y como ámbito más favorable a la philautía, la
amistad de los hombres consigo mismos que resulta de un desbloqueo y una
conciencia de su potencia de obrar y de pensar.
El lector del Tratado político experimenta sin embargo
una particular desorientación ante la explícita conjunción de realismo y
pacifismo que acompaña la tracción filosófica de este libro, y por la crudeza
de algunos pasajes en el marco de una filosofía orientada por la cuestión de la
paz --palabra que en sí misma no comulga con la tradición realista que
prescribe la inexorabilidad de la dominación y la imposición por medio de la
fuerza como la ley de hierro del vínculo entre los estados. El realismo anómalo
de Spinoza explora esa conjunción y redunda en un materialismo de la paz
despojado de las consideraciones morales que revelan su ineficacia frente a los
asuntos humanos. Uno de esos pasajes, cuya crueldad ha llamado la atención de
los estudiosos de esta obra y sus lectores en general, es la conclusión de TP,
IX, 13: “…las ciudades conquistadas en guerra y anexadas al Estado deben ser
consideradas aliadas del Estado y unidas por beneficios; o si no deben enviarse
a ellas colonias con derecho de ciudadanía, exterminándose o trasladándose a
otro lugar a sus poblaciones” [5] --texto que reitera lo dicho en TP, VI, 356.
Además de remitir en su redacción a Las
troyanas de Séneca --según ha mostrado la crítica filológica de Omero Proietti
[7] --con toda probabilidad se trata de una cita oculta de Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, II, 23, donde
Maquiavelo aconseja el beneficio o la destrucción de las ciudades conquistadas
pero nunca el camino intermedio [8] --argumento central del acervo realista que
seguramente encuentra su documento más antiguo y más impresionante en el
diálogo de los atenienses con los melios relatado por Tucídides en el libro V
de la Historia de la guerra del Peloponeso
[9].
