Carl Gebhardt
Trascendencia e inmanencia
Spinoza ha
llamado perfecta a la definición que expresa la íntima esencia de una cosa y
que, por lo tanto, hace posible deducir las propiedades de una cosa, en cuanto
es examinada en sí, de la comprensión de su esencia íntima. Si aplicamos este
postulado a la misma filosofía de Spinoza, hay que señalar entonces el punto
que da unidad a su sistema: el concepto central con el que se puede comprender
toda las partes de la teoría. Este concepto central es para Spinoza la convicción
de la inmanencia de Dios en el mundo. Mientras la convicción de la
trascendencia separa a la divinidad del mundo y la relega a un más allá, para
la convicción de la inmanencia la divinidad es inherente al mundo, de modo que
la unidad del ser no está escindida por ningún abismo metafísico.
El mundo
medieval está moldeado por el concepto de la trascendencia. Dios es
trascendente frente al mundo. Los universales, partiendo de un más allá del
proceso conceptual, se realizan en lo individual. De un más allá llega la ley
moral al mundo. E l amor de Dios debe salvar el abismo entre el más allá y el
más acá. El centro del mundo está fuera del mismo, los valores del mundo son
valores del más allá.
Pero el paso
de la Edad Media a la Edad Moderna se caracteriza por el hecho de que los
valores y el mundo se acercan, hasta que finalmente el centro del mundo se
halla en él mismo. La mística alemana busca la divinidad dentro y no fuera del
mundo. El nominalismo deroga la trascendentalidad de los conceptos.
Renacimiento y Reforma dan su propio valor a la vida activa en este mundo. El
amor de Dios se transforma en amor universal. Esta evolución es la que corona
Spinoza al crear la religión de la inmanencia.
La religión de
la trascendencia exige la revelación. El Dios trascendente sólo puede comunicar
su existencia y su voluntad a los hombres, ya sea trasmitiendo la prueba de su religión
a sus profetas, ya sea inspirando a sus apóstoles la voluntad de su plan de
salvación. El Dios inmanente sólo se entrega a la visión interior, a la
intuición. Si la revelación es la manifestación del Dios trascendente, la
intuición es la manifestación del Dios inmanente.
Toda religión
tiene en el alma del hombre cuatro raíces: mythos, logos, ethos, eros. Por eso dividió Spinoza en cuatro la unidad del
principio fundamental de su teoría de la inmanencia: teoría de la naturaleza,
teoría del espíritu, teoría de la servidumbre y libertad, teoría del amor. Y no
podemos representárnoslas mejor que con las cuatro equivalencias del espinocismo.
Dios es la Naturaleza, Dios es la verdad, Dios es la virtud, Dios es el amor.
