26 de noviembre de 2012

John Berger: El cuaderno de Bento


John Berger, El cuaderno de Bento, trad. Pilar Vázquez, Alfaguara, Madrid, 2012, 200 pp.


Pues cuanto mayor es el número de otras imágenes a que está unida una imagen,
tanto mayor es el número de causas por las que puede ser excitada.

Spinoza [E5p13dem]


El cuaderno de Bento de John Berger es una obra sui generis, pues combina una afinidad electiva por Baruch de Spinoza, un estudio sobre el dibujo y una serie de relatos autobiográficos, combinación a través de la cual Berger intenta explorar el mundo que lo rodea y su lugar en el mismo.

El título del libro alude a un lejano rumor sobre la existencia de un cuaderno con dibujos propios de Spinoza –cuaderno perdido irremediablemente--, autor a quien Berger llama cariñosamente ‘Bento’ (diminutivo de Benito en portugués) y, además, cita libremente. De hecho, las incontables citas de la Ética de Spinoza que acompañan los dibujos y viñetas de Berger, y otros autores, dan la impresión de tratarse de un compendio ilustrado de ésta, pues cada cita aprehende la esencia del encuentro, la experiencia o la reflexión que lo ocupa. Sin embargo, Spinoza es más bien un trampolín, el afecto por el que Berger se adentra profundamente en los procesos de hacer y proyectar el arte, de pensar y ser, de la narración y la historia, y fundamentalmente, de la esencia del ser humano.

¿Por qué Spinoza? ‘Spinoza ha estado en mi mente durante mucho tiempo --explica Berger en una entrevista al diario inglés The guardian del 23 de abril de 2011--. Leyendo a Marx a los 18 años lo recuerdo respondiendo a un juego en el que se le pide nombrar a su filósofo favorito. Él respondió: ‘Spinoza’. En alguna forma es un libro extraño –no es un estudio sobre Spinoza, no es un libro sobre el dibujo. Yo quería escribir un libro sobre cómo mirar el mundo, ayudar a la gente, o persuadir a la gente, a ver lo que nos rodea, tanto lo maravilloso como lo terrible. No es ninguna coincidencia que Spinoza trabajara en la entonces nueva ciencia de la óptica’.

Así, inspirándose en el posible cuaderno de bocetos de Spinoza, Berger comenzó a hacer dibujos motivado por aquello que reclamaba ser dibujado. En el proceso comenzó a centrarse en aquello que dibujaba y por qué lo dibujaba, conectando el proceso de creación artística con todo, desde la filosofía hasta la política y la religión. Cada uno de los pasajes en prosa, algunos breves como un párrafo, otros tan extensos como un par de páginas, es una unidad en sí mismo; no obstante, este volumen no es precisamente una colección de ensayos pues ninguno lleva título ni están relacionados temáticamente. Pues ya establece una analogía entre montar en motocicleta y dibujar, o bien, reflexiona sobre cómo en cierto sentido la acción de narrar puede justamente aplicarse al dibujo; en fin, el principal propósito de Berger es mostrar cómo la interacción o interrelación de dibujar, en tanto forma de revelar la realidad, es un rasgo esencial de la condición humana.