14 de julio de 2016

Spinoza, una cartografía de la Ética

Daniel Álvarez Montero

Cohen Agrest, Diana. Spinoza, una cartografía de la Ética. Buenos Aires, Eudeba, 2015, 277 pp.

Una cartografía de la Ética es el título elegido —esclarecedor por sí mismo— para nombrar el nuevo estudio de Diana Cohen sobre la figura y el pensamiento de Baruch Spinoza. A lo largo de sus casi trescientas páginas, el término «cartografía» va cobrando entereza hasta su eximia significación: un trabajo que abarca, con sorprendente agilidad, desde las formulaciones básicas de la metafísica spinozista —en relación a la Sustancia y la formulación de sus modos infinitos, por ejemplo— hasta las últimas consecuencias de su proyecto ético —la liberación humana o el amor intelectual de la mente hacia Dios—.

En su planteamiento inicial, el trabajo de Diana Cohen parte de la ineludible ontología spinozista, fundamento de todo su posterior discurso ético, para erigir desde su expresión más elemental los pilares que llevarán el discurso metafísico hacia toda una práctica filosófica, como es propio en la obra de Spinoza. No son ajenos a estas primeras páginas algunos de los más comunes y controvertidos temas de la obra del autor hispanoportugués, tales como la formulación de su concepto de Sustancia en contraposición con la dualidad cartesiana, la constitución de los modos infinitos y la subsecuente y recurrente problemática en torno a la relación entre finitud e infinitud, enfocada de la mano de la pregunta por el cómo y de qué manera se produce la individuación de los modos, su mismidad, su identidad.

La «digresión física» de la Ética no pasa desapercibida en esta recreación físico-ontológica de la Naturaleza, que se desarrolla conjuntamente con la celebérrima noción de «conatus» y que, de algún modo, articula de manera general el proyecto ético spinozista, cuyas repercusiones ontológicas son grácilmente enlazadas con sus consecuencias éticas directas, tales como la pregunta acerca de la primacía de un egoísmo o altruismo en la obra de Spinoza, directamente relacionada con esta concepción que prima la conservación del «sí mismo», y que podría extenderse hacia una aspiración política comunitaria. Quizá una de las mayores virtudes de esta obra sea la manera en que se aprecia, desde sus primeras páginas, la intrincada y bilateral relación entre una ontología y una ética, aspectos indisolubles del marco spinozista y cuya relación ha constituido, a lo largo de ya varios siglos de lecturas, algunas de las más fecundas controversias en torno a la filosofía de este autor.

No obstante, el alcance de la obra de Cohen no se detiene en un mero esbozo de las líneas generales del pensamiento spinozista, sino que resulta ser un excelente compendio de algunos de los principales temas de debate en torno a los puntos más ambiguos de la obra del célebre pulidor de lentes. Tal es el caso, verbigracia, de la problemática respecto del suicidio o lo relativo a la libertad humana, puntos álgidos de discusión que han recibido no pocas y dispares interpretaciones. Cuenta, asimismo, con tres apéndices finales que contribuyen a dar sustrato a un trabajo que logra, sin ahogarse en una densa extensión y con sorprendente soltura, recorrer los pormenores de esta filosofía con remarcable claridad y rigor. Estos apéndices, por cierto, merecen una mención especial en la medida en que resultan ser un auxilio excelente para nuevos lectores, dibujando una «carta de navegación» que permite formar una rápida y coherente imagen de la obra.

El primero de estos apéndices lo constituye un itinerario que resume muy rápidamente las cinco partes en que se divide la Ética, apoyado por un segundo que reúne de manera esquemática la evolución paso a paso de las cinco partes de la misma, mostrando cómo unos temas devienen en otros. Finalmente, el tercer y último apéndice se pregunta y reflexiona sobre la relevancia de leer a Spinoza en la actualidad —pregunta que no es baladí para quien no conozca la figura de este pensador—, y orienta al lector sobre algunas de las corrientes y autores que han trabajado su figura en distintos ámbitos. Breves, sí, pero sin duda cada uno de ellos supone un útil recurso o apoyo a la lectura principal, con especial hincapié en los dos primeros, que contribuyen sobremanera en la elaboración de lo que pretende ser ese «mapa» de la Ética.

Un aspecto muy destacable de esta obra resulta ser la manera en que sus numerosos epígrafes —que podrían parecer dispares en una primera aproximación— muestran su correlación y pertenencia a un discurso común, donde, desde aquella formulación del concepto de Sustancia, se avanza sin saltar oscuros abismos hacia el resto de elementos de un trabajo que, aun sin ser un vasto compendio de textos como otros estudios podrían plantear, revela precisamente en su fluido discurrir la magnitud de una obra y un autor difícilmente representable a través de una mera colección de textos. Por supuesto, al tratarse de una cartografía «de la Ética», y aun habiendo referencias a otros trabajos del autor hispanoportugués, la imagen que se configura a través de esta obra se focaliza en el inmenso mar que se abre ante cualquier aproximación a la misma.

«Periplo», reza el título de esta reseña, y es que resulta notorio cómo ese a veces señalado «problema fundamental del spinozismo»[1] aparece continuamente tirando del discurso desde su formulación a sus consecuencias, y viceversa. Partiendo desde la infinita e indeterminada Sustancia hacia sus modos concretos, y explicando a éstos a través de aquélla, el viaje que comienza desde la infinitud torna de nuevo a ella para explicarse a sí mismo. Este recorrido, que es quizá característica fundamental del modelo de Spinoza, está presente en el transcurso de estas páginas, y se hace especialmente notorio, efectivamente, en lo que toca a las consideraciones respecto de la libertad o la eternidad sub specie aeternitatis.

No es preciso dejar de lado que la obra incluye una brevísima pero suficiente biografía del autor cuya Ética es objeto de estudio, acompañada de un índice cronológico, amén de un glosario de abreviaturas que, junto a sus tres apéndices finales y su bibliografía, conforman un trabajo que aun no siendo sencillo, está abierto a cualquier nuevo lector en la figura de Spinoza o su filosofía; trabajo que impedirá que se sienta «perdido» en su estudio de este «mapa» de la Ética. Así y todo, la obra es de una profundidad tal tanto en los temas elegidos como en su exposición que no cabe en la mera categoría de un texto para nuevos estudiantes, sino que adquiere quizá su mayor relevancia cuanto más pueda implicarse el lector con el propio desarrollo del texto, bien para contrastar sus propias opiniones con la exposición de la autora o bien para ampliar su propio «mapa» de la Ética.

Con todo, Una cartografía de la Ética se muestra al lector como un viaje ágil, pero no escueto ni parco, a través de aspectos fundamentales de la obra magna de Spinoza; aspectos que muestran su trabazón unos con otros y su significación conjunta en un discurso donde ninguna de sus partes parece ser trivial o ajena a las demás. Esto, sumado a una profundidad latente desde sus primeros capítulos y que se despliega en su totalidad a medida que los distintos puntos cardinales de este mapa se configuran, dota a este trabajo, como ya se dijo, de un gran interés tanto para primeros exploradores como para conocedores avezados de la obra del hispanoportugués, en especial cuando se tiene en consideración la enorme capacidad de síntesis de un estudio que logra dar cabida a una tal magnitud —y en riguroso discurso— en tan poco espacio —apenas 280 páginas, incluyendo apéndices y bibliografía—, de forma grata y reveladora.

Así lo anticipaba ya su breve introducción, en la contracubierta de este libro, donde Santiago Kovadloff apuntaba:

«Ciertamente, el rigor expositivo no se ausenta ni un solo momento de estas doscientas sesenta páginas. Pero ello no va en desmedro ni de la claridad ni de la amenidad que dan sobradas pruebas de la hospitalidad con que Diana Cohen Agrest sabe acoger a sus lectores».

Laguna. Revista de filosofía, no. 38, Tenerife, Universidad de La Laguna, 2016, pp. 79-81.

Nota

1. Léase, por ejemplo, a Vidal Peña en Ética, Alianza, Madrid, 2006, p. 173 y ss., n. 23.