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03 noviembre, 2024

LA SERVIDUMBRE, OBJETO PARADÓJICO DEL DESEO

Bove, Laurent, La servidumbre, objeto paradójico del deseo, en La estrategia del conatus. Afirmación y resistencia en Spinoza, Madrid, Tierradenadie, 2009, pp. 181-192.

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Laurent Bove

¿Por qué los hombres “aceptan” tan bien los prejuicios y la supersti
ción? ¿Por qué combaten por su servidumbre como si se tratara de su salvación? ¿Por qué el deseo de vida se convierte en la mayoría de los casos en su contrario, el deseo de opresión? Esta cuestión no existe, en Spinoza, más que de manera implícita. La expresión: los hombres “luchan por su esclavitud como si se tratara de su salvación”, está incluida en una larga frase del prefacio del Tratado teológicopolítico, en la que Spinoza opone el interés mayor del régimen monárquico al de una República libre, desde el punto de vista de la libertad de juzgar. A la pregunta implícita del “por qué” no se encuentra en este pasaje más que una respuesta débil: a los hombres se les ha engañado. Sin embargo, la potencia de la pregunta, reclama una explicación más profunda, por la constitución misma del ser humano, es decir, el deseo. El apéndice de la parte I de la Ética y el escolio de la proposición 9 de la parte III nos dan los elementos para tal respuesta.

“Éste [el apetito] no es otra cosa que la esencia misma del hombre” y, por consiguiente, “juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos” (escolio). El apéndice afirma por otra parte que todos los hombres nacen ignorantes de las causas de las cosas, y que todos poseen apetito de buscar lo que les es útil, y de ello son conscientes. De ahí, se sigue, primero que los hombres se imaginan ser libres, puesto que son conscientes de sus voliciones y de su apetito, y ni soñando piensan en las causas que les disponen a apetecer y querer, porque las ignoran. Se sigue, segundo, que los hombres actúan siempre con vistas a un fin, a saber: con vistas a la utilidad que apetecen, de lo que resulta que sólo anhelan siempre saber las causas finales de las cosas que se llevan a cabo, y, una vez que se han enterado de ellas, se tranquilizan, pues ya no les queda motivo alguno de duda. La definición del hombre como deseo, la ilusión inmediata de su libertad (como libre albedrío), su comportamiento espontáneamente finalista en su búsqueda de la utilidad propia, son las tres entradas al problema de la servidumbre.

La ilusión de la libertad —que puede ser tomada en Spinoza como un dato inmediato de la conciencia— y el comportamiento espontáneamente finalista en la búsqueda de la utilidad propia, determinan necesariamente la orientación del conatus hacia la ficción finalista. En el fondo, en efecto —a causa de su impotencia nativa— el sujeto es temeroso, inquieto, de una inquietud fundamental frente al caos y a la fragmentación del universo. La ficción se construye pues para resistir y responder a esta “inquietud”, para que se disipe la angustia y que, por fin, según la expresión de Spinoza, los hombres “se tranquilicen”. Spinoza desvía así la representación (aquí la de la ficción) de la simple función de conocimiento (verdadero o falso) que era tradicionalmente la suya, para hacer de ella la relación existencial/imaginaria que los hombres mantienen, por una necesidad natural debida a su situación de impotencia, con la verdadera realidad. Nosotros constatamos, sin embargo, que en su elaboración misma, la representación como ficción va a contribuir a profundizar el desprecio original y por ello a perpetuarla, por otro lado, sin verdaderamente calmar la inquietud, sino por una huida hacia adelante... Los hombres son movidos más bien por la opinión que por la verdadera razón; pero si la fuerza de lo verdadero puede suprimir —por sustitución— la ilusión y la ficción, la ausencia de duda, que envuelve la creencia (que no es certidumbre pero que, para el ignorante vale como tal), las mantiene y las hace siempre más reales. La realidad de la representación, aquí ilusoria y ficticia, se vuelve así cada vez más impositiva y por ello alienante al separar a los hombres de su propia esencia o de su potencia, es decir, de su deseo como afirmación de la vida. Es que la ficción finalista se ha convertido en un verdadero sistema, la estructura a partir de la cual todos los hombres viven y piensan, de la que la idea de un DiosPersona es a la vez Fundamento, Origen y Fin.

26 septiembre, 2019

SPINOZA, FILOSOFÍA DE LA LIBERACIÓN

Diego Tatián


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En este ensayo, Diego Tatián interpreta la filosofía de Spinoza no como una filosofía de la libertad sino como una filosofía de la liberación. Los seres humanos, originaria y naturalmente sujetos a la adversidad y la servidumbre, conquistan la libertad a través de la vida política y el pensamiento (en Spinoza hay un contenido filosófico de la política y un contenido político de la filosofía). La perspectiva emancipadora que se pone en juego se basa en una ontología que rompe con la oposición clásica entre libertad y necesidad. Más bien, la construcción spinozista de la libertad (liberación) prescinde de la noción de "libre albedrío" y la somete a una crítica filosófica. La libertad que resulta de la filosofía de la inmanencia es pública, una forma de vida colectiva que establece las condiciones materiales, sociales y políticas que permiten que el poder individual y común se manifieste en acciones, para desarrollar el poder de pensar de que es capaz y expresarlo en el debate civil. Spinoza llama a la democracia la existencia colectiva así organizada y la contrasta con el "estado de soledad".

Palabras clave: libertad, necesidad, servidumbre, afectos, democracia

18 diciembre, 2015

Frédéric Lordon: Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza

Valeria N. Bula

Lordon, Frédéric. Capitalisme, désir et servitude. Marx et Spinoza, Paris, La fabrique, 2010, 216 pp. [Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza, Buenos Aires, Tinta Limón, 2015, 176 pp.]

“Si la idea de progreso tiene un sentido… es orientarse ‘al verdadero bien’”: “yo entiendo por esto una vida humana”, concluye en Capitalisme, désir et servitude. Marx et Spinoza [Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza], Frédéric Lordon. Con esta contundencia hacia la búsqueda de una vida humana, la presente obra ofrece la ocasión de reflexionar acerca de la evolución del capitalismo a partir de dos autores fundamentales como Marx y Spinoza. Desde un enfoque sociológico --y no psicologizante-- y de manera muy pertinente, el autor propone que la antropología de las pasiones de Spinoza, completa la teoría de las relaciones binarias marxista del capital-trabajo y brinda una posible llave de superación del capitalismo.

La obra de Lordon está articulada en tres partes: la primera titulada “Hacer hacer” en la que explica cómo el empleador capitalista tiene métodos muy particulares para hacer hacer, a través del dinero o interés que es igual al deseo o el conatus spinozista y la estrategia capitalista de alinearse a partir de este deseo de los asalariados en el deseo-maestro, que es el deseo del capital. En la segunda parte, titulada “Felices automóviles” reflexiona acerca de cómo el capital logró hacer mover los cuerpos de los asalariados a través del deseo inculcado desde afuera; ese deseo definido como una ephitumia es capitalista porque busca perseguir la felicidad capitalista y no humana en el sentido en que se alinean a los intereses materiales del capital. Y se pregunta si la sociedad capitalista no es la primera en presentar un régimen de un conjunto de deseos y afectos a gran escala. En la tercera, y última, parte cuyo título es “Dominación, Emancipación”, siguiendo el Tratado político de Spinoza, Lordon propone reconocer lo que denomina sociedad radiante y superar la exodeterminación.

Lordon recuerda que Spinoza nombra conatus al impulso por el cual cada cosa se esfuerza por persistir en su ser, es la fuerza de existir. El ser es un ser de deseo, existir es desear y, en consecuencia, activarse en la búsqueda de sus objetos de deseo, es el “hacer hacer” para satisfacer los deseos del capitalista; así el conatus capitalista se incrementa indefinidamente porque no encuentra resistencia. El empleador capitalista tiene métodos muy particulares para “hacer hacer”: el dinero que tiene intrínseco el valor de las cosas que se pueden obtener para subsistir biológicamente.

“La legitimidad de sus ‘ganas de hacer’ (del empresario) no debe extenderse a las ganas de hacer hacer” (Lordon 2010: 19). Lordon plantea el problema de las formas cuando el empresario tiene ganas de emprender y se extiende a las ganas de “hacer hacer”, convirtiéndose en capturador de los conatus de los asalariados, los productos de la actividad común y el reconocimiento para sí mismo, lo que bajo otras formas de participación política debería ser compartido.

Un deseo implica terceras fuerzas. Para la conformación de una empresa es necesario entonces, expone Lordon, deshacer la idea de “servidumbre voluntaria”. En este sentido Lordon rescata a La Boétie quien rechaza esta idea de servidumbre voluntaria haciendo perder de vista la servidumbre; no es que los hombres olvidarían que son miserables, sino que ellos viven el descontento como un fatum. Así, recuerda La Boétie, las sumisiones exitosas son aquellas que llegan a cortar en la imaginación de los sumisos, los efectos tristes de la sumisión de la idea misma de la sumisión, siempre susceptible de presentarse en la conciencia de hacer renacer los proyectos de revuelta. Esta advertencia laboeciana es útil y Lordon la toma para pensar la servidumbre capitalista y medir su profundidad en lo que ya no sorprende: que algunos hombres llamados patrones pueden arrastrar a otros muchos a entrar en su deseo y a activarse por y para ellos. De esta manera, la relación de dominación salarial como captura de un cierto deseo, el de la subsistencia material-biológica, pone al desnudo el principio real de la esclavitud. Como son las estructuras sociales de las relaciones de producción capitalistas, en el caso salarial, las que configuran los deseos y predeterminan las estrategias para alcanzarlas, ninguna servidumbre es voluntaria porque los objetos a desear le vienen designados desde afuera como deseo bajo las estructuras de la heteronimia material.

22 enero, 2015

Frédéric Lordon. Willing Slaves of Capital: Spinoza and Marx on Desire

Jason Read

Lordon, Frédéric. Willing Slaves of Capital: Spinoza and Marx on Desire, Verso, New York, 2014, 224 pp.

Readers of contemporary philosophy will not be surprised to see the name Spinoza paired with Marx in the title of a recently published book. Ever since Louis Althusser argued in the mid-1960s that he and his cowriters of Reading Capital were Spinozists and not structuralists, there has been an increased inquiry into the points of connection between Marx and Spinoza. One could even say that what the Hegel/Marx connection was to a previous generation — animating the writings of Adorno, Sartre, Lukács, etc. — the Marx/Spinoza connection is to a current collection of philosophers ranging from Althusser, and the members of his circle such as Étienne Balibar and Pierre Macherey, to Antonio Negri, Warren Montag, and Hasana Sharp.

This shift in names also entails a fundamental change of problems. The relationship of Hegel to Marx was always one of the anxiety of influence: trying to contend with both the massive influence that Hegel had on Marx as well as Marx’s attempt to critically distance himself from Hegel in order to separate the rational kernel from the mystical shell. The Spinoza/Hegel relation, however, is less direct: less a matter of the influence of the latter on the former than of their point of contact around connected problems. These problems aren’t so much the problems that defined the Spinoza Marx knew (the debates on pantheism, Hegel’s attempt to shift the absolute from substance to subject) than they are the debates framed by Marxist theory’s attempt to keep up with the changes of capitalism.

To place it in classical Marxist terms, Spinoza’s thought has provided the tools for developing a critique of the superstructure — in other words, of ideology — and the transformations of belief and desire that constitute subjectivity. Spinoza is a response to a question Marx poses, but does not answer.

Althusser argued that Spinoza’s critique of anthropomorphism and anthropocentricism in the
Appendix to Part One of the Ethics constituted the “matrix of every possible theory of ideology.” Antonio Negri also argues that “in the postindustrial age the Spinozian critique of representation of capitalist power corresponds more to the truth than does the analysis of political economy.” For Negri, Spinoza’s thought offers a representation of power that posits a kind of self-organization: it ontologically grounds and expands notions of living labor that gesture toward a more contemporary capitalist society, in which work has expanded beyond the factory to encompass the entire production of life. This turn towards the superstructure, towards ideology and the representation of power, is perhaps not surprising: it is easier to make connections between Spinoza’s critique of superstition and theories of ideology than it is to connect his understanding of desires and striving to consumption and production. As much as Spinoza offered a trenchant critique of the religious, monarchical, and even humanist ideologies of his time, he had little to say, at least directly, about emerging capitalism. Money is only mentioned once in the Ethics, where it is defined as the universal object of desire that “occupies the mind of the multitude more than anything else.” While such a statement intersects with critiques of greed and the transformation of desire under capitalism, it remains partial and incidental to developing a Spinozist critique of political economy. A Spinozist critique of ideology almost seems given; a Spinozist ontology of power seems provocative. But a Spinozist critique of political economy would seem to be an impossibility.

Frédéric Lordon’s Willing Slaves of Capital: Marx and Spinoza (originally published as Capitalisme, désir et servitude: Marx et Spinoza) continues the first of these trends while breaking with the second. With respect to the former, Lordon is clear that the relationship between Marx and Spinoza is a profoundly anachronistic one. It is not a matter of discerning the subtle influences that stem from Spinoza to Marx but of using Spinoza to make sense of a problem Marx posed. As Lordon writes, “The temporal paradox is that, although Marx comes after Spinoza, it is Spinoza who can now help us fill the gaps in Marx.” The gaps concern a problem Marx poses, but never completely resolves: Why, and how, do workers return to work each day? If labor power drives the entire capitalist economy, then what is it that motivates individuals to continue to sell their labor power? Lordon believes the answer can be found in Spinoza’s theory of desire, of the conatus that constitutes an individual’s striving, and the affects that define it. In Lordon’s approach to the Spinoza/Marx relation there are echoes of Spinoza’s fundamental political question, “Why do the masses fight for their servitude as if it was salvation?” coupled with Marx’s basic critique of the alienation of capitalism. It is a question of knowing why people will continue to work for a system that exploits them, appropriating their productive powers while granting them less and less control.

05 diciembre, 2013

Servitudo

En la Ética el concepto de servidumbre –servitudo-- Spinoza lo define como impotencia:

A la impotencia humana para gobernar y reprimir los afectos la llamo servidumbre; porque, el hombre sometido a los afectos no depende de sí, sino de la fortuna, bajo cuya potestad se encuentra de tal manera que a menudo está compelido, aun viendo lo que es mejor, a hacer, sin embargo, lo que es peor. (E4pref)

La servidumbre implica que los afectos tienen una potencia contra la cual a la razón le resulta muy difícil luchar. De ahí que Spinoza titulara la cuarta parte de la Ética ‘De la servidumbre humana o de las fuerzas de los afectos’. Desde luego, esto no significa que todos los afectos son signos de servidumbre; los afectos originados en la razón y llamados ‘acciones’ son expresión de libertad y compensan las pasiones malas y tristes. Más aún algunas pasiones alegres también nos ayudan a liberarnos de la impotencia debida a las emociones destructivas. La servidumbre es la impotencia relacionada con las pasiones tristes, por ejemplo, el odio, la melancolía, la codicia y el miedo.

Sin embargo, la servidumbre o la impotencia no deben considerarse como un vicio humano. Esta situación humana sucede porque el hombre es parte de la naturaleza y, por ello, está sujeto a la ‘fortuna’, es decir, está expuesto a causas externas más fuertes y contrarias a su propia naturaleza y deseo por lo que no siempre puede evitar los afectos dañinos.

La servidumbre, según Spinoza, se debe a la ignorancia de los hombres. Si el hombre sabio se guía por la razón que no exige nada contrario a la Naturaleza, el siervo es un hombre que se orienta por su opinión o afecto y hace cosas, voluntaria o involuntariamente, de las que no conoce sus causas.

Si se compara […] en qué se diferencia el hombre que es guiado por el solo afecto o por la opinión, del hombre guiado por la razón. Aquél, en efecto, quiéralo o no, hace lo que mayormente ignora; pero éste no complace a nadie sino a sí mismo, y sólo hace lo que sabe que es primordial en la vida y que por ello desea en grado máximo; y por eso al primero lo llamo siervo y al segundo libre. (E4p66e)

La peor forma de servidumbre es seguir nuestra propia codicia como un hombre ciego que no ve su verdadero interés. Los hombres no saben en qué reside la servidumbre y luchan por ella como si fuera su salvación. De ahí que uno debe distinguir entre la verdadera servidumbre –aquella decretada por nuestra naturaleza-- y la que el hombre se imagina, pues los hombres creen que la obediencia a la moral o la ley divina es una carga y la confunden con la servidumbre.

…la mayor parte parece creer que son libres en cuanto se les permite obedecer a la concupiscencia y que renuncian a sus derechos si se les obliga a vivir según los preceptos de la ley divina. Creen, pues, que la moralidad y la religión y […] todo lo que se refiere a la fortaleza del ánimo son cargas de las cuales esperan librarse después de la muerte y recibir el premio de la servidumbre, es decir, de la moralidad y de la religión. (E5p41e)

…cuánto se alejan de la verdadera estimación de la virtud los que por su virtud y sus óptimas acciones, como si se tratara de una suma servidumbre, esperan ser honrados por Dios con sumos premios, como si la virtud misma y el servicio de Dios no fuesen la felicidad misma y la suma libertad. (E2p49e) 

alm