Mostrando las entradas con la etiqueta Daval. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Daval. Mostrar todas las entradas

14 septiembre, 2018

SPINOZA POR LAS BESTIAS

Marcos Travaglia

Reseña de Daval, Alia (ilustraciones) y Suhamy, Ariel (textos), Spinoza por las bestias, trad. Sebastián Puente, Buenos Aires, Cactus, 2016, 159 pp.

Spinoza por las bestias de Alia Daval (ilustradora) y Ariel Suhamy (escritor) es un libro cautivante, accesible, sumamente bello y bien logrado, con muchos detalles cuidados con gran dedicación. Siguiendo la meta de hacer una introducción a Spinoza, entre tantas posibles, este dúo presenta un Spinoza de divulgación ilustrado. Estos dos últimos conceptos (“divulgación” e “ilustración” – en el sentido de “dibujo”) tienen, en el ámbito académico, un lugar generalmente relegado o postergado en favor de una pretendida asepsis de una filosofía más pura. En los ámbitos más tradicionales el canon más abigarrado cree que no se puede hacer filosofía lejos de los conceptos abstractos y cerca de los simples mortales, más entendidos en sus asuntos cotidianos que en la contemplación de entelequias. La búsqueda de ampliar el público de la filosofía y el cruce con discursos plásticos ocupan un lugar relativamente marginal en nuestra práctica, al punto de no ocupar ninguno en el ejercicio de muchos colegas. Sin embargo, esto no siempre fue así. En la antigüedad, el recurso a metáforas, mitos y relatos de fuerte carga literaria era un recurso fundamental, y en la edad media no solo se componían bestiarios ilustrados, sino que además los códices de otros géneros eran vivamente decorados. En la modernidad el recurso a la ilustración no desaparece (el ejemplo de la portada del Leviathan de Thomas Hobbes es emblemático), pero sí disminuye progresivamente hacia el presente, cuando está ausente hasta de las portadas, salvo en contados casos. La filosofía se desentiende del apoyo en imágenes y en la actualidad los libros ilustrados son generalmente para niños, e incluso a primera vista creeríamos que Spinoza por las bestias es uno de ellos. La divulgación, por su parte, padece generalmente el prejuicio de “desvirtuar” la filosofía y alejarla de su pureza original. Se dice que abrir la filosofía al público no especialista le quita la riqueza sustancial para convertirla en una especie de autoayuda o charlatanería de hobby de la clase media con aspiraciones culturales, que se reúne unas horas a tomar vino y prestar atención dispersa a un show de palabras poco frecuentes. Esto puede suceder alguna que otra vez, pero, ¿es el destino indefectible de cualquier intento de divulgación?

PDF Descargar

01 octubre, 2016

Los dos perros

Ariel Suhamy

Suhamy, Ariel y Daval, Alia, Spinoza por las bestias, ilust. Alia Daval, trad. Sebastián Puente, Buenos Aires, Cactus, 2016, pp. 125-130.

Perros de pasiones

“No tenemos un imperio absoluto sobre nuestras pasiones”. Con esta afirmación, Spinoza señala su diferencia con los moralistas.

“Los Estoicos, por su parte, han pensado que ellas dependían absolutamente de nuestra voluntad y que podemos comandarlas absolutamente. Sin embargo, las pruebas de la experiencia, y no sus principios, los han obligado a reconocer que para conocer y gobernar las pasiones se requiere bastante de la costumbre y el ejercicio. Uno de ellos se esforzó por demostrarlo con el ejemplo de dos perros (si mal no recuerdo), uno domésticoy el otro de caza: el hábito puede hacer que el perro doméstico se acostumbre a czar, y el perro de caza, por el contrario, a abstenerse de las  lebres. Descarte es bastante favorable a esta opinión…”. (1)

En la imaginación estoica, retomada por Descares, el sabio es una suerte de adiestrador de perros. Como si la pasión fuera fuera una fuerza exteriror a nosotros, y a la que podríamos, a fuerza de voluntad, amaestrear y domesticar.

Spinoza rechaza ese esquema así como rechaza toda acción del alma sobre el cuerpo. La pasión no es otra cosa que yo mismo, afectado de una cierta manera por las causas exterirores; librarse de ella, es entonces modificarme a mí mismo --devenir otro sin revestir, no obstante, otra naturaleza, a la manera de esos perros que cambian sus caracteres conservando al mismo tiempo su naturaleza de perros--.

“Dado entonces que la potencia del alma se define solo por la inteligencia” --solo por la potencia de comprender, y no por una voluntad libre que se ejerce sobre el cuerpo-- “los remedios para los afectos, de los cuales todos tienen, creo yo, alguna experiencia, pero no la observan con cuidado ni la ven distintamente, nosotros los determinaremos solo por el conocimiento del alma; y de ese mismo conocimiento deduciremos todo lo que respecta a su beatitud”. (2)