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29 enero, 2014

Deleuze y su lectura conjunta de Spinoza y Nietzsche

Chantal Jaquet

Uno de los principales promotores de la reflexión sobre Nietzsche en Francia en el siglo XX fue incontestablemente Gilles Deleuze, cuyo libro Nietzsche y la filosofía, aparecido por primera vez en PUF en 1962, y seguido en 1965 por una pequeña obra de presentación de este autor en la colección SUP filósofo, marcó los espíritus y orientó las investigaciones de generaciones futuras. ¿Cómo lee Deleuze a Nietzsche? De manera general, pone el acento en la ruptura que Nietzsche consuma con la filosofía tradicional entendida como búsqueda de la verdad, y sobre la instauración de un nuevo modo de pensar que sustituye la topología de los conceptos por una tipología de las fuerzas activas o reactivas. Esta interpretación que pretende mostrar cómo, a partir de lo trágico, Nietzsche llega a introducir el sentido en filosofía, los valores y el juego de fuerzas operando en su constitución, conduce a Deleuze a centrar su atención en un cierto número de temas nietzscheanos, como la dimensión crítica ligada al problema del valor de los valores, la reevaluación del cuerpo, y la afirmación de la voluntad de potencia, temas que juegan un rol central en el pensamiento del autor de Más allá del bien y del mal. Es cierto, hay otros, y el análisis deleuziano no podría reducirse a estos tres, pero es interesante notar que, al respecto, la grilla de lectura del filósofo francés está marcada por reminiscencias spinozianas. Es sorprendente en efecto constatar que, en relación a estos tres puntos por lo menos, Deleuze lee a Nietzsche a través de Spinoza, su otro autor predilecto, y se refiere expresamente a él, sobre todo para lo que concierne a la cuestión del cuerpo y de la voluntad de potencia. Es claro que la práctica conjunta de los dos autores por Deleuze, que publica su Spinoza y el problema de la expresión en 1968, poco después de sus trabajos sobre Nietzsche, modifica la interpretación de los dos filósofos a su vez e instaura un ida y vuelta entre sus pensamientos que conduce a veces a “nietzscheanizar” a Spinoza o a “espinozear” a Nietzsche, según los casos. Es conveniente entonces interrogarse sobre la lectura conjunta de Spinoza y de Nietzsche por Deleuze a fin de determinar cómo orienta el análisis de los textos no sólo del filósofo alemán sino también del filósofo holandés. Dejaremos de lado la crítica de los valores y la sustitución de las fuerzas sustancializadas de bien y mal por las fuerzas cualificadas de bueno y malo, para las cuales Deleuze no efectúa explícitamente un paralelo con Spinoza –y que nos limitamos a indicar como pista futura para explorar–, para concentrarnos en los dos temas del cuerpo y de la voluntad de potencia.

13 diciembre, 2012

Friedrich Nietzsche a Franz Overbeck


Sils María, 30 de julio de 1881

¡Estoy asombrado y encantado! Tengo un precursor. ¡Y de qué género! No conocía casi a Spinoza y el que ahora me entrasen deseos de leerlo ha sido algo realmente instintivo. He hallado que no sólo su general tendencia es igual a la mía —hacer del conocimiento la pasión más poderosa—, sino también que coincido con él en cinco puntos esenciales de su doctrina, en los cuales aquel original y solitario pensador se acerca a mí grandemente, y que son: la negación del libre arbitrio, de la intención, del orden moral universal, de lo inegoísta y de lo malo. Aunque es cierto que la diferencia entre nosotros es enorme, ella depende, más que de nada, de la diversidad en época, cultura y ciencia. En suma: mi soledad que, como la altura en las elevadas montañas, me cortaba a veces la respiración, ha encontrado ahora un compañero. Es maravilloso.

Friedrich Nietzsche, Epistolario, Jacobo Muñoz (ed.), Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, p. 168.

05 marzo, 2012

Luis Roca Jusmet: Spinoza y Nietzsche. Ética y política

Los manuales de historia de la filosofía tienen normalmente un efecto negativo. Lo que debería ser una reconstrucción de problemas y de ideas se convierte en un repertorio de tópicos. Los filósofos se encasillan y pierden así su fuerza y sus matices. Si tomamos como ejemplo a Spinoza y a Nietzsche comprobamos que al primero se le considera panteísta y racionalista y al segundo irracionalista y ateo. Pero si somos capaces de leer más allá de lo superficial podemos captar secretas afinidades entre ambos. Lo primero que hemos de hacer es contextualizar su lenguaje, propio de sus respectivas épocas : el siglo XVII y el S.XIX . Así podemos interpretar el vocabulario que utilizan y ver las ideas que se esconden tras él.

Nietzsche se refiere a Spinoza de manera ambivalente, que no es poco. No es poco porque Nietzsche quiere derribar ídolos y no perdona a nadie: normalmente lo descuartiza. Que reconozco lo que tiene de bueno es ya un síntoma de respeto por parte de Nietzsche. A veces se ríe de Spinoza porque no soporta su ideal de conocimiento basado en el Amor de Dios. Aquí Nietzsche, cegado por su agresividad contra cualquier forma de deísmo cae en la trampa y no es capaz de una lectura más sutil. Pero en su correspondencia Nietzsche señala lo mucho que le une a Spinoza. Deleuze fue el primero en unirlos.

En primer lugar lo que une a Nietzsche y a Spinoza es su ética afirmativa de la vida. Para Nietzsche es la voluntad de poder que se expande, para Spinoza es la alegría de vivir siguiendo el conatus de querer ser. Los dos denuncian el supuesto Orden Moral del Mundo: el Bien y el Mal no existen, son inventos para someternos al poder sacerdotal. Bueno es lo que proporciona placer y alegría y malo lo que nos produce sufrimiento y tristeza. Pero hay más: Nietzsche defiende la acción contra la reacción: hay que actuar por el propio impulso y no como respuesta a la acción del otro. Hay que ser creativo. Spinoza dice en esta línea que hay que hacer y no padecer: lo primero es poder y lo segundo impotencia. Ambos critican la ficción del libre albedrío. Estamos determinados pero la libertad es autodeterminación: ser capaces de decidir por nosotros mismos y no por la presión de los otros. Es una determinación interna contra la determinación externa. Spinoza considera igualmente, con Nietzsche, que la culpa y la compasión son pasiones tristes, negativas, inútiles. No hay voluntad libre: hay voluntad fuerte y voluntad débil. Spinoza no es racionalista: es el deseo lo que mueve y debe mover al hombre. Pero hay que distanciarse serenamente de los condicionamientos externos e internos. En esto me parece mejor que Nietzsche, que hace una especie de apología de la vida como exceso.

Podríamos hacer una analogía, algo arriesgada pero posible entre el Eterno Retorno de Niezsche y el Amor a Dios de Spinoza. El Eterno Retorno de Nietzsche es un misterio, una especie de visión global de la Naturaleza como un proceso. Pero el Amor a Dios de Spinoza es lo mismo. Spinoza es tan materialista como Nietzsche pero lo dice en el lenguaje que le permite su época. Si Dios es la Naturaleza quiere decir que no hay nada más que ella. La Naturaleza es infinita. Los dos son deterministas y Schopenhauer quizás sea aquí su enlace: todo es necesario porque las cosas ocurren de la única manera que pueden suceder. Podrían suceder de otra manera si el mundo fuera otro. El mundo es lo que es y no puede ser otra cosa. Amor Fati decía Nietzsche: hemos de querer las cosas como son porque es lo que hay. Pero la Naturaleza es un proceso abierto y creativo, es un encadenamiento en el que nuestra acción participa.

Pero la gran diferencia entre Nietzsche y Spinoza es política. Nietzsche tiene una concepción jerárquica y antidemocrática, es antiigualitario. Spinoza, en cambio, defendía la democracia radicalmente. Es el sistema político que desarrolla todas las capacidades, todas las potencias. El hombre es un esclavo cuando se somete a sus pasiones o cuando lo hace a una Autoridad. La democracia conduce a seguir las leyes que la comunidad como conjunto ha decidido. Es desde la libertad que asumimos la obediencia a las leyes, es desde el reconocimiento y el respeto del otro.

Anticipa aquí lo que en la filosofía política decía hace poco Castoriadis. Obedecer las leyes en las que hemos participado nos hace libres, no esclavos.

Spinoza es, en este sentido, muy superior a Nietzsche. Su ética de los límites le conduce a la democracia. La ética sin límites de Nietzsche le conduce a la jerarquía, al dominio de uno sobre el otro. El reconocimiento de Nietzche es como la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel. Conduce al exceso. Walter Benjamín ya advirtió de los peligros de una apología del exceso en la figura del nietzscheano Georges Bataille: conduce al fascismo.

El poder del que habla Spinoza es el poder de cada uno que confluye en la sociedad. Es el desarrollo de las capacidades de todos, como decía Marx y hoy dice Rancière. No es el poder del amo sobre el esclavo, como decía Nietzsche.

De la ética de Nietzsche podemos aprender, pero no de su política. Spinoza, en cambio, nos da grandes lecciones de ética y de política.

Fuente: Rebelión