Jean-Paul Margot
Porque la naturaleza es siempre la misma, y una y la
misma en todas partes es su virtud y potencia de
actuar;
es decir, que las leyes y reglas de la naturaleza,
según
las cuales se hacen todas las cosas y se cambian de
unas formas en otras, son en todo tiempo y lugar las
mismas; y por tanto, una y la misma debe ser también
la razón de entender la naturaleza de las cosas,
cualesquiera que sean, a saber, por medio de las
leyes y reglas universales de la naturaleza.
En el Prefacio que redactó L. Meyer
a los Principios de la filosofía de Descartes, y
Para intentar responder a esta
pregunta, veamos qué entiende Spinoza por "ser activos" y "ser
pasivos".
"Digo que nosotros actuamos, cuando en nosotros o
fuera de nosotros se produce algo de lo que somos causa adecuada, esto es (por
la def. precedente), cuando de nuestra naturaleza se sigue algo, en
nosotros o fuera de nosotros, que puede ser entendido clara y distintamente por
ella sola. Y, al contrario, digo que padecemos, cuando en nosotros se produce
algo o de nuestra naturaleza se sigue algo, de lo que no somos causa sino
parcial.
Llamo causa adecuada a aquella cuyo efecto puede ser
percibido clara y distintamente por ella misma. Llamo, en cambio, inadecuada o
parcial a aquella cuyo efecto no puede ser entendido por ella sola"
(Spinoza, 2005, III, def. II y def. I).
Si la respuesta se limita a estas
dos definiciones, parece ser que toda producción se reduce a un desarrollo
lógico. Y, en efecto, según el Tratado de la reforma del entendimiento,
la mejor definición es la definición genética, aquella que suministra la
ley de construcción de su objeto. Conocer una cosa cualquiera es saber cómo
producirla, es decir, concebirla "o por su sola esencia, o por su causa
próxima" (Spinoza, 2003, par 92) [4]. La definición
genética expresa la auto-definición por medio de la cual cada esencia se
constituye a sí misma. Actuar es, por lo tanto, deducir o, mejor, desplegar
lógicamente una esencia que, por ser una idea de Dios, es una necesidad 30
inteligible. De ahí que, si nos basamos en el TRE, el actuar está
constituido sobre el modelo matemático, que Spinoza opone al modelo
artesanal del que se vale la tradición judeo-cristiana para representarse la
producción de las cosas, y que trae consigo una causalidad mediada por la
voluntad divina. De hecho la analogía con las matemáticas responde, en Spinoza,
al rechazo de las causas finales en el universo y de la libertad en los actos
humanos (Roth, 1963, 40, 44; Wolfson, 1969, 45, 53-54). Pero la afirmación de
la necesidad universal y la negación del libre albedrío no son las consecuencias
del sistema spinocista, sino los "motivos inspiradores" (Delbos,
1972, 113). Su opinión acerca de la necesidad no depende de las demostraciones
--matemáticas-- de la Ética, como lo recalca el propio Spinoza, sino de
que éstas no pueden ser comprendidas sin entender previamente lo que dice de la
necesidad [5]. En un universo regido por la necesidad, al igual
que en las matemáticas, no hay, en efecto, distinción entre lo posible y lo
real y, por consiguiente, no hay ni elección ni finalidad. Lo real es lo necesario
y, dice Spinoza, "Por realidad y perfección entiendo lo mismo" (2005,
II, def VI). El rechazo del prejuicio de la finalidad trae como consecuencia
que la causalidad, a diferencia del modelo artesanal donde es transitiva, sea
ahora inmanente [6]. Dios ya no es el creador todopoderoso de un mundo separado de Él,
ni el monarca que promulga "libremente" los decretos de una ley que
encadena, sino que no tiene otro contenido y otra ley que el infinito de la
naturaleza misma. Pero, ¿qué es esta naturaleza? Ella puede entenderse de dos
maneras. En un sentido es la totalidad, que no se puede enumerar, de las cosas
existentes tomadas en su conexión según el orden cognoscible de los efectos y
de las causas. En otro sentido, designa la vida interna de esta totalidad, su
productividad propia y el movimiento que, sin otro origen que él mismo, asegura
su eterna perseverancia y regula desde el interior su sobreabundancia infinita.
Para ilustrar este punto, utilicemos la imagen de la esfera, ésta no es nada
fuera de la relación de los puntos que la componen. Mas, cualquiera sea el
punto que se señale en la superficie de la esfera, este punto no existe sino en
virtud de la ley que expresa su relación con la infinidad de los demás puntos.
Sucede lo mismo con la relación que Dios --la sustancia-- mantiene con los
seres singulares -los modos. Los seres singulares son como los puntos de la
esfera.
