En consonancia
con la traducción de “Entonces, ¿qué es Spinoza?” de Žižek, mi amigo Luis Roca Jusmet reflexiona brevemente sobre el
texto, reflexión que enseguida reproduzco. Me atrevo también a reproducir el
interesante y clarificador intercambio de ideas entre Luis y Juan Carlos
Álvarez, traductor del texto de marras, a propósito de la negación de la
negatividad humana en Spinoza. (Me he permitido editar libremente los comentarios, omitiendo aquellas frases de cortesía debidas a la amistad y decantando sólo las ideas que nos ocupan).
Gracias a mis amigos Alfredo Lucero-Montaño (que lo ha colgado en inglés
en su excelente blog dedicado a Spinoza ) y Juan Carlos Álvarez (que lo ha
traducido de manera excelente y con gran precisión al español) he podido leer
un texto que escribió el filósofo esloveno Slavoj Žižek, el año 2007, dedicado
a Spinoza, titulado "Entonces, ¿qué es Spinoza? "
En el texto el filósofo señala un lugar común: Spinoza, Kant y Hegel
como las tres vías modernas de la filosofía. Žižek es un hegeliano que
considera a Kant como el auténtico iniciador de la filosofía, en el sentido
moderno del término.
Žižek empieza su texto señalando, con una cierta ironía, que todo el
mundo ama a Spinoza. Lo quieren los marxistas althusserianos, los deleuzianos y
los demócratas radicales como Toni Negri.
Cada cual lo entiende a su manera, pero en todos los casos sorprende
como todos estos materialistas, heterodoxos y críticos con el sistema
reivindican a ese Spinoza, convencionalmente racionalista y panteísta.
Žižek señala el carácter antijudío de Spinoza, su carácter realmente
transgresor con respecto a la tradición de la que parte: no hay una Otredad
radical (en la línea de Levinas y Derrida) ni tampoco hay redención. Pero lo
que realmente niega Spinoza, nos dice Žižek, es la negatividad. Esta es la gran
diferencia con Hegel. La Substancia es completa, es la Unidad a través de la
diversidad, sin conflictos, sin fisuras. Todo es, todo es una potencia que se
despliega. Lo negativo es irreal, es producto de la imaginación, de las ideas
inadecuadas. Todo es necesario, todo está bien. Se sitúa en la tradición
aristotélica de la buena vida. Únicamente las pasiones que surgen de la
ignorancia son obstáculos. La moral de una ilusión porque el deber es la
incomprensión del curso de las cosas. No hay que forzar. Disuelve la diferencia
entre hecho y el derecho. La justicia no puede ser otra cosa que el desarrollo
de la potencialidad que se actualiza.
¿Qué falta? Falta la falta humana instaurada por el Orden simbólico, por
la alienación en el lenguaje y la ley. Spinoza, añado yo, habla de la
separación como la distancia de las pasiones. Pero las pasiones se mueven en lo
imaginario. Spinoza niega, como bien dice Žižek, lo simbólico.
Lo simbólico es el significante que asesina la cosa, que nos hace perder
la naturalidad. Señala un límite y este límite parecería no existir en el
tercer grado de conocimiento, la intuición de Dios. Hace años fui a un curso
que daba un ucraniano que dijo que Spinoza negaba la castración simbólica.
Ahora entiendo lo que quería decir. Para Spinoza, no hay tensión y el mismo
deseo no surge de la carencia, sino de la plenitud.
Todo esto me recuerda dos cosas. Una un texto de Robert Marishi en el
que oponía el deseo desde la plenitud al deseo desde la carencia de
Schopenhauer. Schopenhauer es el que está en la línea de Freud, de Lacan y de
Žižek. Aquí relaciono libremente el budismo triste de la India, el que le
gustaba a Schopenhauer, con el más alegre de China. François Jullien, en sus
libros sobre China y los sabios chinos, está muy cerca de Spinoza. A Žižek no
le gusta. Le gusta más el cristianismo en lo que tiene de traumático. Al final,
el psicoanálisis procede de la tradición judeocristiana.
También podemos hablar de política a partir del texto de Žižek. La
multitud de Spinoza no es la revolucionaria multitud de la que hablan Negri y
Hardt. Tiene un potencial de cambio y de resistencia pero también puede ser una
masa violenta irracional. No hay que olvidar la ambivalencia, Spinoza no
idealiza ni criminaliza la multitud, como sus epígonos.
Spinoza niega la pulsión de muerte, que es la negatividad humana, lo que
nos lleva a la necesidad del orden simbólico. Pero la negación de la Ley, dice
Žižek, no conduce a la liberación del deseo. Aquí Deleuze se encuentra a gusto
pero Žižek no. La negación de la Ley conduce a un superyó que se impone como un
goce oscuro, sin límites.
Materiales para pensar son los que nos proporciona el polémico filósofo
esloveno en su lectura, crítica, de Spinoza.





