Mercedes Allendesalazar Olaso
«Nadie sabe lo que puede un cuerpo...
» dice el escolio 2 del libro III de la Ética.
Hasta entonces los filósofos para tratar de los afectos se habían preocupado
sobre todo de las prerrogativas del alma, o habían considerado siempre la
naturaleza humana tomando como punto de referencia el pensamiento. Spinoza
muestra a lo largo de todo este escolio con una fuerza inaudita, por qué la
perspectiva de los filósofos invierte el orden de las cosas al pensar el alma
como causa de los afectos del cuerpo: desde ahora los afectos habrán de ser
comprendidos a partir de la extensión, es decir, a partir de la materialidad
que les es propia. Cierto es que, sobre todo en el libro V, Spinoza habla de la
alegría que produce la idea verdadera y de aquellos afectos activos que tienen
por origen el conocimiento, pero en el libro III y en la mayor parte del libro
IV su análisis se sitúa en el campo de la extensión, en el campo de los cuerpos
que se encuentran, se hieren y se potencian unos a otros, y cuyas pasiones en
vez de ser «vicios» son «fuerzas» que aumentan o disminuyen la potencia del ser
que atraviesan.
Antes de
examinar los argumentos cartesianos que prueban el poder del alma sobre el
cuerpo Spinoza prefiere ocupar un espacio que había permanecido vacío y tomar
posesión de lo que hasta ahora no era más que «una tierra de nadie», un
dominio ignorado por sus predecesores en cuanto dominio autónomo. Por primera
vez, desde hacía tiempo, el cuerpo va a obedecer a leyes que le son propias,
que no le son impuestas desde el exterior por una instancia ajena llamada alma.
«Nadie hasta ahora ha determinado lo que puede un cuerpo...».
El filósofo
comienza por señalar el olvido del que ha sido objeto el cuerpo considerado en
su naturaleza propia, en su existencia concreta. Jamás hasta entonces este
cuerpo había sido pensado a partir de sus propias leyes, a partir de las únicas
leyes de su naturaleza «considerada como puramente corpórea». El se propone
pues abordar un campo inexplorado y por esta razón insiste sobre la ignorancia
que rodea a este cuerpo, ignorancia que pudo permanecer insospechada porque el
cuerpo del que se había tratado hasta entonces, había sido un cuerpo que no
obedecía a leyes que eran las suyas. El cuerpo que descubre Spinoza en este
escolio es un cuerpo que pertenece solamente a la extensión, y nadie ha
conocido ese cuerpo «de un modo lo suficientemente preciso como para poder
explicar todas sus funciones». Lo que presenta y aquello que defiende es la
existencia de un cuerpo nuevo y desconocido.
¿Por qué había
permanecido ignorado este cuerpo? Cuando Spinoza afirma que nadie ha
determinado lo que puede el cuerpo considerado solamente desde el punto de
vista de las leyes de la naturaleza corporal, añade también en una segunda
mitad de la frase que tampoco ha determinado nadie lo que no puede, a menos de
estar determinado por el alma: «nadie ha determinado que es lo que no puede
hacer salvo que el alma lo determine», es decir, según él, nadie ha podido
determinar en qué el alma era indispensable para el funcionamiento del cuerpo.
Pero justamente esto es lo que había hecho Descartes en las Meditaciones y
en el Tratado de las Pasiones, por ello, los argumentos de Spinoza se
dirigen sobre todo contra él para señalar la inanidad de semejante pretensión.
