Alain Badiou
«Quicquid est in
Deo est» o: todas las situaciones tienen el mismo estado.
Ética,
libro I
Spinoza tiene una aguda conciencia de que los múltiples presentados
--que .él llama «cosas singulares» (res
singulares)-- son, en general, múltiples de múltiples. En efecto, una
composición de múltiples individuos (plura
individua) es una sola y misma cosa singular; basta para ello que esos
individuos concurran en una única acción, es decir, sean simultáneamente la
causa de un único efecto (unius effectus
causa). Dicho de otro modo: para Spinoza, la cuenta-por-uno de un múltiple,
la estructura, es la causalidad. Una
combinación de múltiples es un múltiple-uno, por ser ella lo uno de una acción
causal. La estructura es legible retroactivamente: lo uno del efecto valida lo
uno-múltiple de la causa. El tiempo de incertidumbre de esta legibilidad
distingue a los individuos, cuyo múltiple, que se supone inconsistente, recibe
el sello de la consistencia a partir del momento en el que se señala la unidad
de su efecto. La inconsistencia; o disyunción, de los individuos es entonces
considerada como la consistencia de la cosa singular, una y la misma. En latín:
la inconsistencia es plura individua;
la ·consistencia, res singulares.
Entre las dos, la cuenta-por-uno es unius
effectus causa, o una actio.
El .problema de esta doctrina es que resulta circular. Si se puede
determinar lo uno de una cosa singular sólo en la medida en que ella, en tanto
múltiple, produce un único efecto, se debe disponer previamente de un criterio
para esta unicidad. Ahora bien, ¿qué es el efecto? Se trata, sin duda, de un
complejo de individuos del que, para afirmar lo uno --para decir que se trata
precisamente de una cosa singular--,
se debe considerar los efectos, y así sucesivamente. De acuerdo con la
estructura causal, la retroacción del efecto-de-uno depende de la anticipación
de los efectos del efecto. Parece haber en esto una oscilación infinita entre
la inconsistencia de los individuos y la consistencia de la cosa singular,
puesto que el operador de cuenta que los articula --la causalidad-- sólo puede
ser afirmado a partir de la cuenta del efecto.
Lo sorprendente del asunto es que Spinoza no parece en absoluto molesto
por este impasse. Quisiera
interpretar aquí, más que esta aparente dificultad, el hecho de que no sea tal
para el propio Spinoza. A mi entender, la clave del problema es que, en la
lógica fundamental de Spinoza, la
cuenta-por-uno está asegurada, en
última instancia, por la
meta-estructura, por el estado de la situación, que él llama Dios, o la
Substancia. Spinoza constituye la tentativa ontológica más radical jamás
emprendida para identificar estructura y meta-estructura, para asignar el
efecto-de-uno directamente al estado, para in-distinguir pertenencia e
inclusión. Al mismo tiempo, se comprenderá que se trata de la filosofía que,
por excelencia, forcluye el vacío. Mi
intención es establecer que esta forclusión fracasa y que el vacío, cuya
clausura meta-estructural, o divina, debía asegurar que·fuera in-existente e
impensable, resulta íntegramente nombrado y ubicado por Spinoza bajo el
concepto de modo infinito. También se
podrá decir que a través del modo infinito Spinoza designa, a pesar suyo --y, por lo tanto, según la más alta conciencia inconsciente
de su tarea--, el punto, que persiguiera por todas partes, donde no se puede
prescindir de la suposición de un Sujeto.
