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12 febrero, 2015

From Joy to Gap: The Accessing of the Infinite by the Finite

Simon O’Sullivan

1.1 Introduction

In this first chapter I want to lay the philosophical groundwork for the further explorations, encounters and composite diagrams of the following four chapters. In particular I want to map out three different models of the production of subjectivity or, which amounts to the same thing, of the finite–infinite relation. In fact, I want to link these three together under one diagram that itself will recur throughout the remainder of this book. I begin with Spinoza’s Ethics (cited in references as E) and with the account of the different kinds of knowledge a subject might embody, before looking more briefly at Nietzsche’s ideas of affirmation and the eternal return as they occur specifically in The Gay Science (cited in references as GS). In both of these works it is especially the idea of joy as a kind of technology and passage – as well as a destination – that I am interested in. The longer third section of the chapter looks in some detail at Henri Bergson’s celebrated cone of memory – the diagram mentioned above – from Matter and Memory (cited in references as MM). Here, I am interested in a certain gap that, again, allows a passage from one intensive state to another, and especially, in Bergson’s terms, to beyond the realm of matter with its particular linear temporality. In general this chapter presents less an overview than an introductory sampling of the thought of these three philosophers, with an eye to extracting certain details and demonstrating certain resonances between them.

1.2 Spinoza’s three kinds of knowledge (and the passage between)

What does Spinoza mean when he invites us to take the body as a model? It is a matter of showing that the body surpasses the knowledge we have of it, and that thought likewise surpasses the consciousness we have of it. There are no fewer things in the mind that exceed our consciousness than there are things in the body that exceed our knowledge. (Deleuze 1988a, p. 18)

1.2.1 Introductory remarks: the Ethics

In an autobiographical passage from the Treatise on the Correction of the Understanding, Spinoza succinctly states his motivation and intention in writing the Ethics:

After experience taught me that all things which occur frequently in ordinary life are vain and futile; when I saw that all the things on account of which I was afraid, and which I feared, had nothing good or bad in them except in so far as the mind was moved by them, I resolved at last to inquire if there was some good which was genuine and capable of communicating itself, and by which the mind would be affected even if all the others were rejected; in sum, if there is something such that, when it has been discovered and acquired, I might enjoy for eternity continuous supreme happiness. (Quoted in Parkinson 1989, p. ix)

In the terms of the thematic of my own book this intention might be figured as the desire of a finite body to access the infinite, or what Spinoza will call the eternal. The relation of the finite to the infinite, which is so often portrayed as a non-relation (especially in religion), is, in fact, outlined by Spinoza in his Ethics as a decidedly livable relation. Indeed, in contradistinction to Kant, this finite–infinite dyad is less a split between a phenomenal world apparent to a subject and a noumenal one beyond, than rather, two poles on a continuum. In relation to this, Spinoza also famously lays out a thesis of parallelism between thought and extension, both being attributes of the same infinite substance. In this sense a subject, or ‘modal essence’, can develop an idea of their own composition as it were – a knowledge that results, ultimately, in a further intuitive knowledge of the infinite substance of which they are a part.

Spinoza’s Ethics is then exploratory and analytic, but it is also fundamentally programmatic. It operates as a manual for life and specifically for the production of a life that is not merely beholden to the world, but that ultimately authors its own existence [1]. In fact, the Ethics involves two distinct transformative moments in this continuing assumption of the subject of their own causality (although, as we shall see, the definition of a body, or mode, does not necessarily go through a definition of the subject per se). What then are these two moments – or specific technologies – of transformation? In order to answer this question this first part of my first chapter provides a brief account of Spinoza’s Ethics via a diagramming of the topology of the three kinds of knowledge found therein [2]. In particular I will be interested in the points of passage between the first and the second, and then the second and third.

02 junio, 2014

La ola de Spinoza

Gilles Deleuze

“Ah, sé nadar”. Nadie puede negar que saber nadar es una conquista de existencia. Es fundamental, ¿comprenden? No es obvio. Conquisto un elemento. Conquistar un elemento es nadar, volar… Todo eso es formidable.

¿Qué es no saber nadar? No saber nadar es estar a merced de los encuentros con una ola. Ustedes tienen el conjunto infinito de las moléculas del agua que componen la ola. Digo que es una ola porque estos cuerpos más simples que llamo ‘moléculas de agua’ --de hecho no son las más simples, habría que ir más lejos-- pertenecen ya a un cuerpo: el cuerpo acuático, el cuerpo del océano, el cuerpo del estanque, etc.

¿Qué es el conocimiento del primer género? Y bien, voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Qué quiere decir “chapotear”? Es muy simple. La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la olea me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Entonces a veces me río, otras veces lloriqueo, según que la ola me haga reír o me aporre. Estoy en los efectos-pasión: “¡Oh, mamá, la ola me golpeó!”. Grito que no dejaremos de dar mientras estemos en el primer género de conocimiento. No dejaremos de decir: “Ah, la mesa me hizo daño”. Y eso es exactamente lo mismo que decir: “El otro me hizo daño”. Spinoza es mucho más astuto de lo que se dijo después. No es porque la mesa sea inanimada que no debemos decir que nos hizo daño. Decir “Pedro me hizo mal” es tan tonto como decir “la piedra me hizo mal” o “la ola me hizo mal”. Están al mismo nivel. Eso es el primer género. ¿Me siguen?

Si por el contrario sé nadar, eso no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un sorprendente saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. La rítmica. ¿Qué quiere decir el ritmo? Quiere decir que sé componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas --las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo--. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo; evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es todo un arte de la composición de relaciones.

Es igual a nivel de los amores […] Y bien, sí las olas y los amores son lo mismo. En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En lo que se llama “un gran amor” tienen, en cambio, una composición de relaciones […] Pero en el segundo género de conocimiento tienen una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las  ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo --y entonces también su alma-- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro […] Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer grado de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo vas más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer grado de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Gilles Deleuze, En medio de Spinoza, Cactus, Buenos Aires, 2008, pp. 426-428. Edición de las clases que nuestro autor dictó en la Universidad de Vincennes entre noviembre de 1980 y marzo de 1981.

21 enero, 2013

Los géneros del conocimiento de Spinoza

Carlos Mendes

Spinoza describe tres géneros del conocimiento, el primero es el género del conocimiento de las afecciones o de las pasiones, el segundo es el de las relaciones o razonamiento y el tercero es el de las esencias o sabiduría y beatitud.

Estos tres géneros del conocimiento no son entes teóricos o entidades abstractas, separadas de la existencia misma, son cada uno de ellos modos o maneras de ser y obrar en la existencia, es decir, modos de la existencia en acto. Implican una descripción del por qué actúan los modos existentes de determinada manera y no de otra. No hay manera de existir por fuera de estos tres géneros del conocimiento o modos de la existencia.

Los géneros del conocimiento de Spinoza son sistemas, construcciones o composiciones de ideas, como cualquier conocimiento. Ellos mismos no son otra cosa, ni tienen otras cualidades, que las de las ideas que los componen. De acuerdo a las ideas que formamos en nuestra mente es el mundo en el que transcurre nuestra existencia.


Primer género del conocimiento

Las ideas del primer género del conocimiento expresan al cuerpo como aquello por lo que ellas son concebidas, es decir, recibidas. Expresan las afecciones del cuerpo, del que son ideas, pero nada expresan sobre las causas de esas afecciones.

Estas ideas de nuestra mente son concebidas por las afecciones del propio cuerpo, son su efecto, dichoso o desdichado, expresan dichas o desdichas del cuerpo existente en acto. Dependen absolutamente de las afecciones o pasiones corporales, son ideas pasión o ideas afección (affectio).

Para Spinoza, estas ideas son absolutamente inadecuadas, en el sentido que nada expresan sobre la naturaleza de sus causas. La adecuación (ad-ecuación) surge de una ecuación elemental y primera, causa=efecto, a toda causa le corresponde un efecto, y viceversa, todo efecto corresponde a una causa, lo adecuado o inadecuado de una idea está en relación con aquello que expresa sobre su causa.

En las ideas del primer género, causa y efecto se encuentran adheridos, pegoteados e indiscriminados. Sólo expresan al cuerpo como efecto de una afección, pero nada conocen ni pueden expresar sobre las causas de la afección del cuerpo del que son ideas. Sólo expresan la naturaleza del ideando, pero nada expresan sobre la naturaleza de la idea, ni sobre su causa.

Estas ideas son absolutamente finitas por su causa, desaparecen instantáneamente cuando desaparece la afección corporal o el cuerpo mismo del que son ideas. Es la gacela que huye por el olor o la visión del tigre, pero cuando el tigre no está, para ella no existe.

Las ideas del primer género, ideas afección o ideas pasión, sólo se pueden padecer, son afecciones pasivas. Expresan las afecciones del propio cuerpo, del que son ideas y que es su causa, pero nada expresan sobre las causas de esas afecciones. Provocan reacciones instantáneas ante la afección corporal, pero no hay en ellas nada que permita provocarlas o evitarlas, no hay memoria, ni registro de la propia existencia, más allá de la perseverante y persistente afección corporal instantánea. Las criaturas que existen en el primer género del conocimiento, viven un eterno aquí y ahora, sin idea alguna del pasado ni futuro.

En este estado de cosas existir es padecer y dejar de padecer es dejar de existir (E5p42esc). Estas ideas son absolutamente corporales, pura emocionalidad o afección corporal sin racionalidad alguna. Las dichas y desdichas del primer género son absolutamente corporales, puro choque de cuerpos y azar de los encuentros, la carencia de racionalidad impide todo intento de organización de los encuentros en la existencia, el primer género del conocimiento es una cárcel inexpugnable de padecimientos, dichosos o desdichados, es la cárcel de la mismidad. A este género del conocimiento corresponden todas las criaturas cuyas mentes nunca acceden a la razón.