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08 junio, 2015

Un claro laberinto. Lectura de Spinoza

Francisco José Martínez

Ezquerra, Jesús, Un claro laberinto. Lectura de Spinoza, Prensas Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2014, 198 p.

El profesor Jesús Ezquerra, de la Universidad de Zaragoza, nos presenta un bello libro en el que nos muestra una visión muy sugerente del pensamiento de Spinoza enmarcado en una reflexión filosófica y literaria muy amplia.

A partir de una reflexión inicial sobre la noción de laberinto y de sus diferentes modelos, Ezquerra pasa a presentar las principales aportaciones spinozianas, empezando por su noción de Dios que nuestro autor entiende como nada (una nada que no envuelve contradicción y que entronca con la tradición neoplatónica plotiniana). Pero frente a la trascendencia emanatista de la nada plotiniana, el dios spinozista, la substancia, es pura inmanencia, no se encuentra más allá del ser sino que es el ser. Presentado el fundamento de lo que es, la substancia o Dios como causa inmanente, se pasa a lo que es, los individuos, que no son substancias sino modos. Los individuos además son partes de una serie de todos que los incluyen y a su vez son todos de sus propias partes. Todo individuo es compuesto, es un todo en un sentido y una parte en otro. Todo individuo es una “unidad estructural”, es decir, “un plexo estable de relaciones”, un conjunto de relaciones que estructuran sus partes. Precisamente la esencia o conatus de los individuos es el esfuerzo por perseverar en su ser, es decir, por mantener la proporción entre sus partes dentro de los límites que lo definen como individuo. Cuando el cambio desequilibra la proporción determinada de movimiento/reposo que lo define, entonces el individuo concreto perece, y surgen nuevos individuos.

A continuación, es examinado el método geométrico de Spinoza desde la perspectiva de su articulación con la ontología. Esta articulación implica la identificación de las causas y las razones, lo que supone que se da una concatenación causal de las ideas que expresa el orden causal que se establece entre las cosas. La identidad entre causa emanativa y causa activa es lo que justifica la identificación entre la ratio lógica como causa interna y la causa física, como causa externa. Para Spinoza, según el autor, la geometría es el ethos mismo de lo real, su forma de ser, y por ello, su ética describe el ethosde lo real, entendido lo real como un laberinto, como un “claro laberinto”, por geométrico.

El análisis de las pasiones que Spinoza desarrolla es una apuesta por la alegría y la felicidad, basadas en la quietud del ánimo derivada de la recta comprensión de las cosas que nos suceden. Esta alegría sería para Ezquerra apática en el sentido de que va más allá de las pasiones, es “la autoconciencia de Dios en nosotros”. Por fin, nuestro autor nos presenta la política de Spinoza, entendida como el poder de la multitud y analizada de una forma completamente naturalista, ya que se entiende al hombre como una parte de la naturaleza más y no como “un imperio dentro de otro imperio”, como suele considerarse habitualmente separando al hombre de la naturaleza. La naturalización de la política hace que Spinoza, frente a Hobbes, no entienda la sociedad en ruptura con el estado de naturaleza sino más bien como en continuidad con él, de tal manera que los individuos al entrar en sociedad no renuncian a su derecho natural. La ley, en tanto que derecho de la sociedad, supera por combinación, y a la vez conserva, el derecho natural de los individuos en su nueva faceta de ciudadanos. La diferencia esencial entre Hobbes y Spinoza es que el primero diseña una política para hombres impotentes, que han cedido su derecho al soberano al entrar en la sociedad de forma total e irreversible, mientras que Spinoza piensa una política para hombres fuertes, que combinan sus potencias respectivas pero que no las ceden nunca. En consecuencia, el iussupone las relaciones entre los individuos en el seno del Estado, como una serie de relaciones horizontales entre individuos, mientras que la lex consistiría en una relación vertical entre el Estado y cada uno de los individuos. Si lo primero apunta a la relación entre las diversas partes que forman un todo, el Estado; lo segundo expresaría la relación entre dicho todo, el Estado, y cada de sus partes, los individuos. Ezquerra retoma la diferencia establecida por Negri entra potentia y potestas, es decir entre la potencia de los individuos por una parte y el poder coagulado del Estado contra dichos individuos, por otra parte –a través de las bellas nociones de Santayana de potestades y dominaciones–. Las potestades son poderes que funcionan como condiciones de posibilidad de las cosas y, sin las cuales, dichas cosas serían inconcebibles; las dominaciones, en cambio, ejercen sobre las cosas un poder hostil, ajeno y externo a las mismas. La liberación política consistiría, según esto, en la disolución del poder en la potentia, o de las dominaciones en potestades. Para Ezquerra, Spinoza apuesta por una democracia radical, ya que para él, el poder no se cede sino que se comparte.

El libro se completa con un Resumen de la Ética que resulta muy útil para una lectura rápida de la obra; y proporciona un esquema de dos posible éticas de Spinoza: una, la escrita realmente, que a partir de Dios analiza la mente, los afectos y la libertad; la otra ética posible estudiaría, también partiendo de Dios, los cuerpos, las afecciones y la necesidad. Si la primera está estructurada como la concatenación de una ontología que coincide con una teología, una psicología racional o filosofía del alma, una ética o geometría de los afectos y una eudemonología o soteriología, la segunda estaría formada por una ontología o teología, una física racional o filosofía de la naturaleza, una geometría de las afecciones corporales y una posible terapéutica.

El libro está muy documentado y muy bien escrito, lo que hace muy amena su lectura, mientras que sus alusiones continuas muestran la gran erudición y cultura literaria, artística y cinematográfica del autor.

Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, vol. 32, núm. 1, Boletín de bibliografía spinozista, núm. 16, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2015, pp. 293-294.

27 mayo, 2013

Spinoza. Relación y contingencia

Francisco José Martínez

MORFINO, Vittorio. Relación y contingencia, Brujas, Buenos Aires, 2010, 126 pp.

Nos encontramos con un libro que reúne dos importantes trabajos de Vittorio Morfino
donde se continúa su proyecto de construcción de un nuevo materialismo a partir del círculo
hermenéutico que conecta a Spinoza con Althusser o que contempla la obra de Spinoza
desde la problemática althusseriana. Las dos tesis del libro son: que en Spinosa se puede
encontrar una ontología de las relaciones que supone un primado de la estructura sobre sus
elementos, en consonancia con las tesis althusserianas de los años sesenta y setenta, y que
se da en Spinoza el primado del encuentro (contingente) sobre la forma, en consonancia
con el materialismo aleatorio o materialismo del encuentro que Althusser desarrolló en los
años ochenta.

Respecto a la cuestión de la relación, Morfino parte de la prohibición aristotélica de pensar la substancia como relación, el respeto de dicha prohibición por parte de Locke y Leibniz y su olvido por Kant y Hegel. Para Morfino se trata de establecer una ontología de las relaciones que no sea idealista ni teleológica y para ello parte de la obra de Enzo Paci,
fenomenólogo y marxista italiano que se esforzó por construir una filosofía relacional no idealista que excluye la identidad cerrada del universo y concibe la relación como abierta, lo que permite una ética relacionista basada en que el individuo puede organizar los elementos del mundo a través de nuevas relaciones. Paci pasa de la noción de sustancia como lo que está en sí a la noción de acontecimiento como aquello que existe por otro y en relación a otro.

Morfino se pregunta por el estatuto de la relación en la obra spinoziana y constata primero
su estatuto mental y su cercanía a las denominaciones extrínsecas. Mientras que las
propiedades remiten a la interioridad de una esencia, la relación se refiere a la exterioridad
de una existencia. Pero es en el tratamiento de las pasiones donde Morfino descubre la
importancia de la relación en la obra de Spinoza. Partiendo de la traducción de la locución
“passionibus obnoxious” como “atravesado por las pasiones”, Morfino constata que las
pasiones no serían tanto propiedades de una naturaleza humana genérica sino más bien relaciones que atraviesan al individuo constituyendo su imagen de sí y del mundo. El individuo
en Spinoza no sería una esencia ni un sujeto sino la relación entre un exterior y un interior
que se constituye mediante las relaciones que establece con los demás individuos y cosas
exteriores. Vemos, pues, como se pasa de una noción de relación como mero ente de razón
a una noción constituyente de relación, ya que las pasiones son relaciones que constituyen
tanto el individuo aislado como el individuo social que es la multitud a través de la práctica.
Retomando la distinción de Leibniz entre las relaciones de comparación y las relaciones
de concurso, Morfino dice que en Spinoza las relaciones entendidas como conveniencias
son entes de razón, pero las relaciones entendidas como concurso son constitutivas en el
plano ontológico.