En un artículo sobre Melody Gardot, la singular y exitosa cantante de jazz americana, publicado en El País, encontré
esta afirmación de la artista a propósito de su dramática historia que me
sugiere un reflejo spinoziano. La afirmación expresa –a mí parecer-- de una
manera profana, pero admirablemente clara, la teoría de la negación de Spinoza:
“Estoy dónde estoy porque vengo de dónde vengo. Así que lo acepto de la
mejor manera. Es como el vino y el viñedo. No puedes cambiar la tierra de la
que nace la uva, pero cada año cobra un sabor distinto”.
Recordemos brevemente que la teoría spinoziana de la negación se basa en
la diferencia entre la determinación
(negativa) y la distinción (positiva).
Estoy
dónde estoy porque vengo de dónde vengo. Dice Spinoza
que el modo finito --considerado desde una perspectiva abstracta--, es limitado
y determinado, es decir, limitado en su naturaleza por otra cosa de igual
naturaleza (como substancia) y determinado en su existencia por algo (como
causa) que le niega la existencia en tal lugar o en tal momento. Pero esto es
verdad cuando se considera el modo finito en sí mismo, separado de la causa que
le hace ser en su esencia y en su existencia.
Pero
cada año cobra un sabor distinto. Mas para Spinoza la esencia del
modo finito es un grado de potencia. Este grado en sí mismo no significa un
límite o una oposición, sino una distinción positiva intrínseca tal que se
compone de una manera multifacética con otras esencias o grados en virtud de su
causa común.
