13 de octubre de 2014

Borges en la Escuela Freudiana de Buenos Aires

Jorge Luis Borges

Señoras, señores:

Diré unas cuantas palabras y luego vendrá lo esencial, nuestro diálogo. Estos últimos días estuve leyendo todo lo que encontraba sobre Spinoza, y releí el artículo de Froude, amigo y biógrafo de Carlyle --me pareció de lo más enumerativo--, luego aquél capítulo de la Historia de la filosofía occidental de Russell dedicado a Spinoza y luego leí algunas páginas de la Ética, el artículo de Renan, y otros. He llegado a una curiosa comprobación, y es ésta: creo entender esencialmente el sistema de Spinoza, salvo que, para mí, no es un sistema, yo diría que se trata más bien de un acto de fe. Es decir, la filosofía de Spinoza puede ser profesada como una religión y sin duda él lo sintió como una religión.


Ahora, hay un hecho que nos aleja de Spinoza y al mismo tiempo hace que lo veamos como algo original. Y ese hecho es que la filosofía esté explicada, como todos ustedes saben, ordine geometrico o more geometrico, no recuero cuál de los dos latines usa él, y ese sistema lo ha hecho famoso y al mismo tiempo ha hecho que el libro sea menos asequible. El hecho que yo quería señalar es éste: es que para nosotros, Spinoza, Baruch Spinoza, es una figura patética. Si yo pronuncio la palabra Spinoza, ustedes no pensarán ciertamente en un sistema o en la filosofía que él quiso explicar mediante ese sistema. Ustedes pensarán en él, en ese pobre hombre quizá desdichado pero que no quería ser desdichado, que tenía el culto de la felicidad, que creía, como Remy de Gourmont, que debemos ser felices. Remy de Gourmont agregaba: "Debemos ser felices aunque no sea más que por orgullo". Eso no hubiera sido aceptado por Spinoza. Pero todo el sistema de Spinoza es un sistema que creo que podemos aceptar, creo que, fuera del concepto de Dios, y vamos a ver en qué reside la novedad del concepto de Dios de Spinoza, lo demás del sistema de Spinoza, el panteísmo, es algo que puede ser aceptado.

Yo tengo sentimiento religioso. He sido educado como cristiano, mi familia era católica, mi abuela inglesa era protestante, era anglicana, sus mayores eran predicadores metodistas, sabía de memoria la Biblia, de manera que había un ambiente doblemente religioso en casa, muy católico en mi familia criolla y protestante, anglicano, metodista, esencialmente, en mi abuela inglesa. Sin embargo, yo he encontrado siempre una dificultad en la fe cristiana, y esa dificultad es la idea de un Dios, Dios personal. Hay algo en mí que rechaza esa idea. Spinoza la reemplaza por otra, pero esa idea es aún de más difícil aceptación. Es una idea tan vasta que tiene, digamos, un valor estético, y es la idea de un Dios, Dios infinito, y al decir infinito no quiero decir innumerable. La idea de lo infinito se encuentra en el budismo, pero ahí se encuentra, está forzada a ello, porque el budismo, como otras religiones de la India, acepta las transmigraciones del alma, o, ya que los budistas descreen de la existencia del alma, se supone que cada individuo a lo largo de su vida está fabricando continuamente su karma, una suerte de artificio mental, y ese artificio mental va fabricándolo, enriqueciéndolo día a día, también de noche en los sueños, ya que todo produce un karma. Y ese karma se hace no sólo con las obras, con los pecados, con las virtudes, con las incertidumbres, con lo sueños, todo eso produce ese mecanismo, y ese mecanismo puede continuar en otro individuo después de la muerte del hombre que lo ha creado.

Ahora bien, si se supone que cada destino individual está regido por el karma de una vida anterior, llegamos a la obligación de un infinito, ya que si hay una primera vida esa primera vida tiene que admitir ciertas condiciones, y esas condiciones tienen que ser determinadas por una vida anterior, y esa por una vida anterior, y así hasta el infinito. De suerte que, para el budismo, cada uno de nosotros ha vivido un número infinito de veces. Y, al decir infinito no quiero decir indefinido ni innumerable, quiero decir estrictamente infinito, es decir no hay un principio y puede no haber un fin si no nos salvamos y nos perdemos en el Nirvana.

Ahora, Spinoza tenía un concepto parecido de Dios. Creo que lo define como una substancia infinita, infinitamente dotada de infinitos atributos. Ese concepto, me parece, es extraño a otras teologías, es propio de Spinoza. Spinoza, como ustedes saben, quiso explicar su filosofía --lo que para mí sería más bien explicar su religión--, quiso explicarla more geometrico, es decir, usó el mecanismo euclidiano de axiomas, de definiciones, de postulados. Y ese mecanismo es lo que hace difícil su lectura.

Yo he visto en los Estados Unidos una traducción de la Ética de Spinoza que se titula Of God, De Dios, y, en esa edición, de fácil lectura, se ha prescindido de todo el aparato geométrico. Ahora, ese aparato geométrico no fue elegido arbitrariamente por Spinoza, ya que, en aquel tiempo, se creía que los matemáticos eran infalibles. Ahora, por ejemplo, hay axiomas, postulados de Euclides, que han sido puestos en duda, pero eso no ocurría en el siglo XVII. Y se suponía que la verdad en las matemáticas dependía de esa forma de exposición. Sin embargo, si uno piensa en las definiciones de la geometría, son ciertamente falibles. Por ejemplo, yo digo: el punto no tiene extensión, la línea tiene extensión pero no anchura y consta de un número infinito de puntos, el volumen tiene extensión y anchura y consta de un número infinito de líneas. Es evidente que todo eso es abstracto, es decir que lo que realmente existe son tres dimensiones. Es que no corresponde a la realidad, no podemos imaginar un punto que no ocupe espacio, no podemos imaginar una línea, por delgada que sea, que no tenga alguna anchura. Sabemos, podemos dibujar una línea muy fina y luego la miramos con una lupa, vemos que es ancha, que no es pura longitud estricta.

Sin embargo, sobre eso se basa todo el edificio de la geometría. Creo que Bertrand Russell conjetura que ese edificio es una larga tautología, es decir, que si uno admite ciertos principios, por ejemplo, la enumeración, el hecho de poder contar uno, dos, tres, es evidente que ésa serie será infinita. Y si uno acepta esas ficciones necesarias, esas ficciones fatales --la línea, el punto, la superficie, el volumen-- uno tiene que admitir toda la geometría, hasta la geometría de cuatro, de cinco dimensiones, que existe como un hecho intelectual aunque no sea concebible por la mente humana.

Se supone, en general, que Spinoza procede del cartesianismo, y él siguió el método de Descartes. Pero estuve leyendo un libro de un autor francés y ese autor dice que Spinoza no conocía bien el sistema de Descartes, que habrá tenido otros puntos de partida pero que luego siguió el sistema de Descartes porque le pareció el más lógico. El quería convencer a sus lectores. Según ese autor --de cuyo nombre no quiero, no, de cuyo nombre no puedo acordarme--, Spinoza habría partido de los neoplatónicos y de las especulaciones de la cábala.

Sin duda Spinoza creía que si uno aceptaba su sistema geométrico uno tenía que aceptar su sistema. ¿Y qué ocurre ahora? No pensamos en Spinoza, no pensamos en su sistema, pensamos en él como hombre y lo vemos, como dice Bertrand Russell, como el más querible de todos los filósofos, ya que grandes filósofos ciertamente no fueron queribles. No sé si Platón fue querible, no creo que Schopenhauer fuera querible. Creo que Berkeley sí fue querible, pero Spinoza lo es más.

Spinoza concibe un Dios, y ese Dios está dotado de infinitos atributos. Spinoza declara que sólo conocemos dos de esos atributos, y esos atributos son la extensión y la consciencia. O, creo que podemos buscar palabras sinónimas, sería el espacio y el tiempo, más que consciencia. Lo que realmente es asombroso es que Spinoza supone que su Dios está dotado de esos dos atributos y además de otros, infinitos, estrictamente infinitos, que no conocemos, que no podemos ni siquiera adivinar o intuir de algún modo.

Ahora sabemos que lo que ocurre, lo que nos ocurre, ocurre en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, si me hieren, si me dan una puñalada, yo tengo la consciencia del dolor y además --y eso correspondería al tiempo--, la sensación. Es parte de las miles de sensaciones que yo tengo a lo largo del día y a lo largo de mi vida, y luego ocurre también un cambio en el tiempo porque el puñal entra en mi cuerpo. Pero, refiere Spinoza, ocurren además otras infinitas cosas, y esas ocurren en la mente de Dios. No podemos imaginarlas, es decir que habría un número infinito de universos paralelos. A nosotros nos ha sido dada la consciencia de dos: la del tiempo y la del espacio. Pero, además, hay otros atributos, y esos atributos son infinitos.

Esto lo sospecho, que quizá el fin de todo pensamiento o de todo sistema sea el de aliviarnos de la multiplicidad de las cosas, sea sentir que hay menos cosas, sea reproducirlas con unas pocas. La generalización parece una condición necesaria del pensamiento, aunque sabemos que toda generalización es falsa, pero estamos obligados a generalizar para pensar.

Spinoza reduce el universo a una cosa, o mejor dicho, dice que universo, que él llama naturaleza, y Dios son la misma cosa. Muchas veces, a lo largo de su obra, vemos la expresión Deus sive natura, Dios o la naturaleza son la misma cosa. Después de la muerte de Spinoza alguien encontró un nombre para ese sistema, y, con raíces griegas se forjó, creo que en Inglaterra, la palabra panteísmo, sugerida sin duda por ateísmo. Los enemigos de Spinoza lo habían acusado de no tener Dios. Quiere decir que no tenía un Dios personal ya que si sólo existe Dios todo es Dios. Salvo que Dios exista no sólo en cada instante de nuestra vida, en cada átomo, si es que hay átomos, en cada cosa, sino de otros infinitos modos y Dios se ame a sí mismo con infinito amor intelectual. Nuestro deber es amar a Dios, no debemos esperar ser amados por él. Eso no fue un acto de negación, como creyó Goethe, de parte de Spinoza. No, él concebía a Dios perfecto y no podía desear en Dios una pasión como la de sentir amor por un individuo que no estuviera en él. Creo que se hubiera maleado su idea de Dios. Ahora, Spinoza declara que el tiempo --el tiempo es un atributo de Dios-- pero, para Dios, todos los tiempos coexisten. Yo he leído un libro sobre Spinoza titulado Eternitas, Eternidad, y Spinoza condena por eso la esperanza y el temor, porque se refieren a cosas futuras y no hay razón para decir que están dentro del tiempo, no hay razón para aceptar la ilusión del tiempo.

Podría contestarse, y yo desde mi insuficiencia metafísica contesto, que, si nosotros sentimos la sucesión, y ciertamente la sentimos, uno no puede imaginar una vida sin sucesión ¿por qué suponer que esa sucesión es ilusoria? Spinoza nos diría que debemos subordinar nuestra idea de sucesión a Dios ya que para Dios no hay diferencia entre “all our yesterdays”, todo nuestro pasado y el momento presente y todo el porvenir que podemos suponer infinito. Todo esto coexiste para él. Ahora bien, creo que la idea de que Dios está en todas las cosas, la idea de la ubicuidad de Dios, se encuentra curiosamente en un verso de Virgilio, que dice Omnia sunt plena jovis. Todas las cosas están llenas de la divinidad. Esa idea puede ser cierta, y podría concordar con una idea de la evolución, salvo que en la evolución, se supone que el mundo está progresando, está cambiando. Y, en cambio, para Spinoza, todo eso es parte de nuestra ilusión temporal.

Recuerdo que Bernard Shaw dijo: “God is in the making”, Dios está haciéndose, “in the making”, ese hacerse de Dios somos nosotros, Dios está haciéndose en nosotros. Podemos concebir, entonces, ya que Dios está en todas las cosas, podemos suponer que está muerto en la materia, que duerme en las plantas, que sueña en los animales y que en nosotros toma consciencia por sí mismo. Y esa idea, que no tiene por qué ser rechazada por la ciencia, si es que existe la ciencia, creo que podemos aceptar esa idea. Ahora, lo que nos cuesta aceptar y lo que, según el mismo Spinoza, es inconcebible, en la idea de un Dios dotado de infinitos atributos. Quiero suponer que, además del tiempo y del espacio, pueden existir otras cosas.

He conversado ayer con un amigo mío y le dije que yo podía concebir el universo sin espacio, pero no podía concebirlo sin tiempo, sin sucesión. El me dijo que le pasaba lo contrario, que él podía imaginar, por ejemplo, el universo tal como existe, con galaxias, con átomos. Todo eso podrá existir, y como no habría tiempo, en el sentido de que no habría ninguna consciencia de ello, existiría solamente el espacio. Creo que esto es un error, porque nuestro concepto del espacio depende de nuestros sentidos, depende sobre todo del tacto, depende del gusto, depende el olfato, quizá parcialmente de la vista. Pero, en cuanto a mí, yo me creo capaz de imaginar un mundo sin espacio, no sé si ustedes pueden hacerlo. Un mundo en el que hubiera un número por qué no infinito de individuos, consciencias, y esas consciencias podrían expresarse por medio de la música, por medio de palabras. Todo eso podría existir y no tendría por qué haber espacio. Yo estoy escribiendo un cuento sobre ese tema, es solamente una idea literaria.

Ahora sabemos, imaginamos a Spinoza, que era un santo y al mismo tiempo encontramos rasgos de él, sentencias de él, que nos dejan perplejos. Por ejemplo, Spinoza condena el remordimiento, ya que él dice "si un acto malo es un mal, pero luego recordarlo, apenarse, es agregar otro mal, es agregar otra tristeza", y la esperanza también es condenable. Como dice el dicho español, tan sabio, que todos sabemos, "el que espera desespera", esperar es desesperar. Y aquí quiero citar una estrofa de quien para mí es el máximo poeta de todos los poetas del instrumento de lengua castellana, Fray Luis de León. Fray Luis de León dice:

Vivir quiero conmigo,
Gozar quiero del bien que debo al cielo
A solas sin testigo
Libre de amor, de celo,
De odio, de esperanza, de recelo

Libre de amor, porque el amor quiere algo, el amor es una ansiedad, ya el amor duda, es una aventura. Luego, Libre de amor, / De odio, --no creo que nadie pueda entender el odio-- luego de esperanza, también la esperanza es un mal.

Aquí recuerdo una broma de Bernard Shaw, que dijo que Dios había escrito en el dintel del infierno Lasciate ogni speranza voi ch'entrate para tranquilizar a los réprobos. Están en el infierno, ya no puede sucederles nada peor, estén tranquilos. No creo que esa fuera la intención de Dante pero la línea admite esa interpretación. Es decir, Spinoza nos invita a vivir "bajo cierta apariencia de eternidad".

Es decir, debemos pensar que lo que nos sucede es algo efímero, por consiguiente esto no importa. Debemos amar a Dios, ahora ¿qué significa amar a Dios para Spinoza? Ciertamente no se amaba a una persona, ya que Dios es mucho más que una persona, ya que Dios no es sólo todo el espacio y todo el tiempo sino una infinitud de otras cosas que ignoramos. Es decir que amar a Dios sería querer la concatenación de efectos y de causas. He dicho efectos antes que causas para que se sienta que ese sistema es infinito. De igual modo que en el hinduismo, en la declaraciones que hay de ese sistema se empieza siempre por la aniquilación del mundo y luego un período en que nada ocurre y luego un período en que el mundo vuelve. Pero se empieza por el Juicio Final para dar a entender que la serie es infinita.

Ahora, le dijeron a Spinoza que si no hay libre albedrío, que si Dios quiere todo, entonces por qué condenar ciertas cosas. Los ejemplos que le dieron fueron el hecho de que Nerón matara a su madre, el hecho de que Adán comiera el fruto prohibido. Ahora él contesta que lo que hay de positivo en esos actos es bueno, que lo que hay de negativo es malo, pero, para Dios, supongo que Dios ve esa concatenación infinita, esos hechos no son malos. De modo que si uno acepta la ética de Spinoza no habría hechos malos ya que no hay hechos voluntarios ya que todo ha sido querido por un Dios inescrutable que está más allá de nuestros juicios personales.

Sabemos que Spinoza no fue excomulgado --Spinoza vivió tan lejos de la sinagoga como de la Iglesia-- y sin embargo hay un libro en la Biblia, el Libro de Job, en el cual creo que se llega a una idea parecida. Recordarán ustedes que el tema central del Libro de Job es el hecho de que el justo sea desdichado. ¿Cómo justificar la idea, cómo reconciliar la idea de un Dios omnipotente y de un Dios justo con la idea de que un hombre justo sufra males? En los últimos capítulos Dios habla con Job y con sus amigos del torbellino. Los condena a todos, a quienes han querido defenderlo de él, que se ha quejado de los males que lo afligen. Ahora, como el Libro de Job está escrito por una mente para la cual era esencialmente extraño el razonamiento, yo creo que pensaban por imágenes, en esos últimos capítulos se recurre a dos monstruos, Behemoth, cuyo nombre es plural para significar que es muy grande, creo que es elefante, y Leviatán puede ser una gran serpiente o puede ser una ballena. Y Dios se compara con esos monstruos. De modo que la idea sería la misma. La idea sería que nuestros juicios éticos son inaplicables a Dios, que Dios está más allá de la ética y que nosotros podemos tratar de estar dentro de ella, debemos tratar de amar, es decir, amar todo lo que ocurre.

No sé qué latino acuñó aquella frase espléndida de amor fati, el amor del hado, el amor del destino, querer todo lo que es, aunque sea nuestra desdicha, aunque lo que suceda sea nuestra desventura, nuestra muerte, nuestro tormento. Tenemos que olvidarlo, o tratar de olvidar eso y tenemos que sentir el universo o Dios, ya que natura o Deus es la misma cosa, habría que sentir un mecanismo infinitamente complejo, que no podemos juzgar pero que debemos aceptar. Y sabemos que Spinoza dedicó su vida a ser digno de ese sistema que él explicó more geometrico pero que fue una religión para él. Pensamos en él como un santo, sobre todo un santo porque no espera nada ya que él descreía de la inmortalidad personal. El pensaba que nosotros como individuos somos modos efímeros de esos dos atributos de Dios, la extensión y la consciencia, o el espacio y el tiempo. Y al mismo tiempo dice: "sentimos y sabemos que somos inmortales, pero ciertamente no inmortales como individuos sino inmortales por la partícula de divinidad que hay en nosotros".

Yo creo que ese ideal es un ideal máximo, aunque desde luego yo me siento incapaz de abrazarlo. Pero, a veces, lejos de toda idea filosófica, me he preguntado por qué me interesa tanto el destino de un individuo llamado Borges que vivía en el siglo XIX en una ciudad llamada Buenos Aires, en el hemisferio meridional, por qué me interesa tanto su suerte que no es nada del universo, pero es difícil acogerse a ese tipo de consuelo. Yo he tratado a mi modo de ser spinozista pero no he logrado serlo. Estoy seguro de no poder seguir los razonamientos de Spinoza. Creo que todo lector ha sido derrotado por el método geométrico de Spinoza, pero creo que todo lector de Spinoza ha sentido algo que no le hubiera interesado a Spinoza, es decir la presencia personal de Spinoza, esa persona que el mismo Spinoza juzgaba ilusoria. Sin embargo existe para nosotros y creo que seguirá existiendo. Creo que Spinoza tiene que ser sentido como un santo. Creo que todos tenemos que deplorar no haberlo conocido personalmente como deploramos no haber conocido, como yo en mi caso, a Berkeley, a Montaigne. Siento no haberlos conocido personalmente. Me sucede lo mismo con Spinoza y creo que a todos los hombres les pasará lo mismo.

Y, ahora, este exordio ha sido demasiado largo y querría que ustedes me tomaran examen a mí y demostraran que yo sé muy poco de Spinoza, porque la verdad es ésa. Ahora vamos a entrar en lo realmente importante y quiero que perdonen este prólogo tan repetitivo, tan largo, pero todo eso ha sido dictado por el hecho de que soy muy tímido. Y ahora vamos a divertirnos un rato, vamos a conversar, vamos a olvidar que somos muchos, aunque somos muchos. Spinoza dice que sólo existe Dios. De modo que acá está Dios monologando a través de nosotros, usándonos como instrumento. Podemos hablar de Spinoza o si ustedes han llegado a la conclusión de que sé muy poco sobre este tema elijamos otro.

Conferencia dictada en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, La Opinión Cultural, Buenos Aires, 22 de febrero de 1981.