15 septiembre, 2012

Leszek Kolakowski: La totalidad indivisible


Que la Totalidad indivisible, o el Absoluto, es “en” todas las cosas particulares, y por lo tanto en cada uno de nosotros, es una creencia que surge, expresada de diversas maneras, en las obras de casi todos los pensadores platónicos, incluyendo Plotino, Proclo, Damascio, Eckhart y Nicolás de Cusa. Por difícil y problemático que hubiera sido el hacer compatible esta idea con la idea del Uno en sí, todos lo intentaron. Ésta idea la encontramos también en Spinoza, que se enfrenta a grandes problemas, casi inextricables, cuando intentó expresar esta visión en su lenguaje básicamente cartesiano, diseñado para un propósito completamente diferente. Así Spinoza, al tiempo que niega que el ser de la sustancia pertenece a la esencia del hombre (E2p10esc), dice que las cosas particulares, siendo “modificaciones” o “afectos” de Dios, son expresión de él (E1p15cor). El cuerpo y su idea son la misma cosa considerados bajo diferente aspecto --como, observa, algunos judíos vagamente percibieron (“quasi por nebulam”) cuando decían que Dios, su pensamiento y las cosas abarcadas por su entendimiento son todo uno y lo mismo. Spinoza afirma incluso que la mente humana es en sí misma parte del pensamiento infinito de Dios (E2p2cor) –no obstante que Dios, siendo indivisible, claramente no puede tener partes (E1p13)-- y que el amor intelectual eterno de Dios del que somos capaces es parte del infinito amor de Dios por sí mismo (E5p36). Es axiomáticamente verdadero, para él, que todas las cosas son “en” Dios, y no menos evidente que Dios no puede ser “en” las cosas, ya que este sentido de “en” implica dependencia absoluta. Así, puesto que no puede hablar de la presencia de Dios “en” nosotros, él ve a los seres humanos --y todos los seres, para el caso-- como modificaciones o afectos de Dios. Esto a pesar del hecho de que la sustancia, siendo inmutable e indivisible, no puede ser “modificada” o “afectada” en el sentido de ser cambiada por las acciones de los individuos. Sin embargo, estas aparentes contradicciones pueden borrarse, si asumimos que cada cosa en particular simplemente es Dios --Dios modificado o Dios expresándose a sí mismo. Spinoza parece estar haciéndose eco de Eckhart, en un dialecto modernizado. Eckhart trató de explicar la misma intuición como una chispa de divinidad en nosotros, o el nacimiento de Dios en el alma; Nicolás de Cusa trató de explicarlo llamando al mundo una explicatio de Dios (en el sentido de despliegue) y a Dios un complicatio del mundo (en el sentido de embobinado o enrollado). Dios es como un punto en una línea: presente en todas partes, no dividido, siempre uno. Atman es Brahma.

A diferencia de los primeros neoplatónicos, el pseudo-cartesiano de Amsterdam (“pseudo” porque no hay rastros del Cogito o de “subjetividad” en su teología) no pensó que el Absoluto era inefable. Parecía satisfecho con la riqueza de su lenguaje. Pero las críticas de los empiristas y racionalistas no tardaron en demoler su monumento construido laboriosamente según el método “geométrico”. El tren de la modernidad se dirigía inexorablemente hacia el mismo abismo de la doble-Nada: paso a paso, tanto el Uno como el Cogito se están convirtiendo en nihilum. Ciertamente, ninguno ha desaparecido por completo: la metafísica --como la búsqueda del ser como causa de sí-- ha sobrevivido, relegada en la vida a una especie de filosofía demi-monde. Pero su lenguaje generalmente ha sido desacreditado.

Fuente: Leszek Kolakowski, Metaphysical Horror, Penguin, Londres, 2001, pp. 78-80. Mi traducción.

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