2 de marzo de 2015

Negri. Spinoza y nosotros

Miriam Lucero

Negri, Antonio. Spinoza y nosotros, Buenos Aires, Nueva Visión, 2011, 112 pp.

Esta obra, escrita en italiano y publicada en el año 2010 como Spinoza et nous, fue traducida al francés por Judith Revel y del francés al español por Claudia Estela Consigli. En su amplio prólogo –si se tiene en cuenta su acotada extensión, tan sólo cuanta con 112 páginas- Negri se propone inscribirla en el
debate contemporáneo –y más precisamente biopolítico- en torno a Spinoza. En tales circunstancias, el prólogo tiene como objetivo la reivindicación de su obra spinosista célebre: La anomalía salvaje. Ensayo sobre poder y potencia en Baruch Spinoza, publicada en español en 1993. A partir de la revisión y de las resonancias que todavía suscita entre los lectores de Spinoza, el autor intenta entablar un debate teórico con los más fuertes adversarios de su producción (Tom Nairn, Paolo Cristofolini, Etienne Balibar, entre otros…), ubicándose en la estela epistémica marcada por la revisión de Spinoza durante el 68’. De este modo, se siente heredero teórico de la interpretación que hicieron Gilles Deleuze y Alexandre Matheron, quienes inspirados en el pensamiento ontológico-político de Spinoza, intentaron construir un proyecto político de resistencia a través de la democracia absoluta.

Sin embargo, la obra que Negri prologa quiere pensar a Spinoza en relación a un “nosotros” que sobrepasa el Mayo francés y se refiere a una nueva época. Desde su perspectiva, estamos experimentando un nuevo aspecto del capitalismo, que ha extendido sus arcas hasta insertarse en el ámbito de la cultura, es decir, experimentamos la “hegemonía del trabajo cognitivo”. Lo “anormal” y lo “salvaje” que antaño fuera el pensamiento de Spinoza, ha devenido en la posmodernidad un recorte alternativo frente a la omnipresencia del capitalismo. Asimismo, es fácticamente revolucionario y subversivo gracias a la potencia de las multitudes. Posteriormente, en el desarrollo del prólogo retomará estas dos características y apuntará a redefinir un Spinoza posmoderno. Más allá de los matices que encuentra en esta particular lectura, esbozara una redefinición del carácter subversivo de su pensamiento a través de la conexión con la crítica a la ontología negativa de Martin Heidegger.

Para salir de la encrucijada que el capitalismo parece suponer, donde el individualismo se vislumbra como la única alternativa posible, imagina una salida. Ella habita entre los intersticios del pensamiento biopolítico de Michael Foucault y la inmanencia absoluta que Deleuze plateara en “L`inmanence: una vie…”, publicado en el Nº 47 de la Revista Philosophie, poco antes de su muerte en 1995. La democracia, en tanto afirmación de la inmanencia absoluta, es la forma institucional que toma la política pensada por Negri (influencia francesa mediante), la cual implica la conformación de lo común en la relación de las singularidades modales a través del amor. Su objetivo es una teoría de la democracia que logre sustraerse al poder entendido como soberanía o potestas, y que afirme los movimientos sociales emergentes –de allí su “realismo político”- al más fiel estilo espinosista.

Con el objetivo de sostener estas tesis interpretativas y reactualizadas en su Spinoza salvaje y subversivo, la obra contiene cuatro capítulos que provienen de conferencias recientemente pronunciadas en diferentes ocasiones. Así, el primer capítulo: Spinoza: una herejía de la inmanencia y de la democracia, proviene de una conferencia pronunciada en la Spinozahuis de Rijnsburg el 27 de junio de 2009; el segundo capítulo: Potencia y ontología: Heidegger o Spinoza, de una intervención en la IX Internazionale Tagung der Spinoza-Gesellschaft en la Humboldt-Universität de Berlín el 30 de septiembre de 2006; el tercer capítulo: Multitud y singularidad en el desarrollo del pensamiento político de Spinoza, fue pronunciada en la conferencia internacional Spinoza as Social and Political Thinker organizada por el Jerusalem Spinoza Institute el 31 de mayo de 2007, y finalmente el último capítulo: Spinoza: una sociología de los afectos, fue presentado en el Coloquio Spinoza et les sciences sociales, en la Universidad de París-VIII, el 9 de abril de 2005. Las características estilísticas propias de la oralidad son una de las claves a la hora de pensar esta obra que instala debates y responde a tópicos y críticas propias de una filosofía política donde la praxis es inherente a la teoría.

En las líneas que siguen desarrollamos un breve análisis de cada capítulo para dar cuenta del interés crítico y polémico de las conferencias recientemente expuestas. En una suerte de revisión de su propia obra, (tal es el caso de Descartes político o della regionevolle ideología, publicada en Milán durante la década del 70) el primer capítulo insiste en la relación de su producción con las interpretaciones que sus contemporáneos han realizado del capitalismo y la necesidad de la trascendencia que los movimientos de resistencia expresaban. Si bien la metafísica moderna mantuvo siempre intereses políticos, su inserción en la teoría política ha devenido hegemónica. Pese a ello, la presencia de Spinoza, cuyo desfasaje con la metafísica de la modernidad lo ha convertido en anómalo, sigue siendo aún hoy una posibilidad hacia una teoría democrática del poder. En esta instancia, Negri se arriesga a pensar a Spinoza a través del materialismo marxista. En efecto, así lo afirma:

En Spinoza, las fuerzas productivas producen relaciones de producción. Pero en la medida en que las fuerzas de producción son en todos los aspectos cupiditates, fuerzas pasionales, multitudes abiertas a la constitución de lo político, se verifica lo que la teoría maquiavélica ya había anticipado en su tiempo: las formas de mando están sujetas a la actividad de la multitud [1].

La multitud –nuevo sujeto político contemporáneo- tiene que, en la búsqueda de la inmanencia, resistir incluso a los propios fetiches que se reintroducen en su discurso político, pero también al surgimiento de ciertos discursos reaccionarios que intentan presentarse como heréticos o parias teóricos. Negri ataca directamente a los teóricos de la deconstrucción y de la biopolitica, tales como Jacques Derrida y Giorgio Agamben. La multitud, entendida por Negri como potencia constitutiva de lo común, afirma irreductiblemente el “adentro” de su proceso de lucha. Pone en crisis la distinción contemporánea entre el “adentro” y el “afuera”, propio del campo político. Nos encontramos en el contexto de la ontología de la actualidad en un “adentro” absoluto, donde las subjetividades producen y se construyen (en) lo común. Desde el conatus, pasando por la cupiditas hasta el amor, y desde las singularidades hasta las multitudes y las instituciones, Spinoza sigue siendo una fuente de inspiración para desligarnos de los posicionamientos trascendentes y reaccionarios. El exceso que el autor encuentra entre la potentia y la potestas de Spinoza conforma la razón liberadora que a través de la imaginación hace posible la realización del deseo de la multitud.

El segundo capítulo trasladará esta investigación, pero articulada a la distinción entre la ontología (y política) de Spinoza y la metafísica de Martin Heidegger. La relación entre autores evidentemente alejados cronológica y teóricamente tiene en lo común su punto de anclaje. El ser-con heideggeriano y el ser-multitud y el hacer-multitud que Negri le atribuye a la potencia del pensamiento de Spinoza, acuerdan en inscribirse en un adentro irreductible, pero disienten en el modo de comprender la libertad. Para el pensador italiano, en Heidegger la libertad es una condena, un exceso que enfrenta a los hombres y lo lleva pensarlos como seres-para-la-muerte, mientras que en Spinoza es una potencia de invención. La equiparación de estos pensadores tan disimiles prosigue a lo largo del capítulo, no obstante Negri advierte estas dificultades y mantiene una actitud de prudencia espinosista, aunque no la suficiente como para dejar de poner de manifiesto lo reaccionario del pensamiento heideggeriano y su conocida adhesión política al nazismo.

Por su parte, el tercer capítulo trata sobre el desarrollo de las nociones de “multitud” y “singularidad” en el pensamiento político de Spinoza. Ciertamente, aborda uno de los temas más trabajados a lo largo de su producción intelectual e introduce un aporte a la lectura que había realizado del autor. En esta oportunidad, por intermedio de la revisión de la lectura que Nietzsche realiza sobre el judío de Ámsterdam, hace uso de su perspectiva para responder a los intérpretes contemporáneos que coinciden con ella. El capítulo innova al establecer una nueva manera de pensar la multitud, interrelacionada con la singularidad. La relación implica una vacilación que proviene tanto del miedo a los otros, como del miedo a sí mismo. Allí la multitud es el lugar tranquilizador y seguro de lo común. Sin embargo, el ser-multitud no se abocaría a una “sociedad sin Estado”, sino una praxis, una hacer-multitud en tanto proceso constitutivo continuo. La continuidad deriva de la interdependencia con las singularidades, por tal motivo no puede reducirse a la conformación de un pueblo, incluso cuando tome la forma de una instancia jurídica.

Finalmente, en el último capítulo intenta relacionar la ontología y la política de Spinoza con la posibilidad de una sociología de raigambre spinosista. Su hipótesis se sabe compleja en el seno de la sociología tradicional y de las actuales concepciones hegemónicas de la disciplina, que todavía en nuestra época se piensan autónomas y positivistas. La propuesta, por demás innovadora y atractiva para quien no adhiera al pensamiento sociológico dominante, quiere reflexionar sobre lo social desde una física del conatus, y en consecuencia, elaborar un nuevo estatus epistemológico de la sociología. El conatus, implica tanto un deseo de perseverar en el ser como un esfuerzo hacia su telos que es la libertad. Esta doble característica del conatus supondría tanto la imposibilidad de establecer una sociología de corte individualista, ya que somos con-los-otros, como una definición estática del conatus, más cercana al individualismo moderno de Hobbes que a la búsqueda de la libertad de Spinoza. Negri da un paso más allá en pos de la multitud y deja de lado su propia lectura de Spinoza para invitarnos a leer a una nueva generación de investigadores, entre los que destaca a Pierre François Moreau. La propuesta es alejarse de sus propias perspectivas para estar junto a ellos “en la experiencia de Spinoza”. Esto lo lleva a cabo para responder a un segundo problema, que podría resumirse en: ¿es posible construir una sociología spinoziana que destituya la lógica lineal en las relaciones? Dado que no valen las lógicas individualistas pero tampoco la lógica dialéctica interindividual, es preciso situarse en el terreno biopolítico. Frente a los biopoderes que capturan la vida en todas sus formas mediante los dispositivos neoliberales, la biopolítica que Spinoza instituye es un acto de resistencia en la construcción efectiva de lo común. Ello deriva en un nuevo interrogante: ¿es posible una definición foucaultiana del pensamiento sociológico de Spinoza? Nuevamente Negri incurre en una lectura innovadora, por lo menos en lo que respecta a la exegesis de la obra de Foucault. Sin embargo, en su discurso es un supuesto necesario si se quiere comprender a Spinoza en relación a un “nosotros” que sea tal. Asimismo, ambos autores se encuentran teóricamente en las antípodas de la sociología dominante que sigue pensando lo social con aires individualistas. Por ello, la apuesta de Negri es la constitución de lo social y la conformación de una democracia que incluya la racionalidad y el deseo común a través del amor. Este concepto, no desarrollado en esta oportunidad, supone una conciencia materialista y biopolitica de las singularidades que en el encuentro con los otros, construyen lo común en la absoluta inmanencia. Es, entonces, la democracia un acto de amor.


Notas
1. Negri, Antonio, Spinoza y nosotros, Buenos Aires, Editorial Nueva Visión, 2011, 47- 48.