9 de mayo de 2012

Todos somos spinozistas (lo que pasa es que no lo sabemos)


Según Deleuze, Bernard Malamud nos recuerda que es posible una lectura connatural y apasionada de la Ética de Spinoza --cualquiera que quede en medio de Spinoza, que sea arrastrado irresistiblemente por su pensamiento, puede recibir de él una repentina iluminación, un flash. Así lo siente Yakov Bok, el protagonista de El reparador, en este conocido pasaje:

—No, señor. Yo no sabía quién ni qué era cuando su libro cayó en mis manos. Si ha leído usted la historia de su vida, sabrá que no era muy apreciado en la sinagoga. Encontré la obra en una librería de viejo de un pueblo vecino, pagué un kopek por ella y me maldije por gastarme un dinero que era tan difícil de ganar. Después, leí unas cuantas páginas y tuve que seguir, como si me empujara un vendaval. Como le he dicho, no lo comprendía muy bien. Pero, cuando uno empieza a interesarse por esta clase de ideas, es como si montara en la escoba de una bruja. Me sentí un hombre diferente. Bueno, esto es un decir, porque, en realidad, he cambiado muy poco desde mi juventud [....] Lo cierto es que soy medio analfabeto. Mi otra mitad posee sólo una formación media. Hay muchas cosas que se me escapan, aunque concentre la atención [...] le diré que el libro significa varias cosas según el tema de los capítulos, aunque todas ellas ligadas en el fondo. Creo que lo que él pretendía era hacerse un hombre libre, en la medida en que se lo permitía su filosofía, si puedo expresarme así, escudriñando todas las cosas y relacionándolas entre sí, si es que Su Señoría comprende lo que quiero decir.

Bernard Malamud, El reparador, trad. J. Ferrer Aleu, Sexto Piso, Madrid, 2007, pp. 81-82.