30 de julio de 2009

La ruptura

Cuando una autoridad como es el caso de las autoridades culturales en México, y en particular, la presidenta de CONACULTA, Consuelo Sáizar, se acerca a su crisis de legitimidad, se produce, antes de su completa erosión, una ruptura. Ruptura que es como un relámpago que ilumina la imagen de lo que ha sido, en nuestro caso, el quehacer cultural en la frontera norte (imagen incompleta) y, al mismo tiempo, ilumina la posibilidad para experimentar un nuevo presente (imagen completa). Imagen que corre el riesgo de desvanecerse si los sujetos pertinentes (artistas, escritores, creadores) no se reconocen en ella (identidad entre el sujeto insatisfecho y el objeto deseado), despertándose así una nueva conciencia política. Conciencia que dice al juego autoritario: ¡Ya basta!

Está claro que el punto de ruptura es la publicación de la carta abierta de desacuerdo por el nombramiento de Virgilio Muñoz como director del CECUT --suscrita por un importante sector de la cultura tijuanense, que además recibe el apoyo de artistas y escritores en todo el país--, y el movimiento de protesta que ha originado. Ruptura a partir de la cual la autoridad cultural burocrática ha empezado no sólo a perder legitimidad y reconocimiento, sino que además el ejercicio de su responsabilidad pública se percibe como una reacción de impotencia, que se proyecta en una actitud de negación de la situación cuestionada y de imposición burocrática (renegación). Aquí el enunciado ‘el principio es la negación de lo que comienza con él’, se aplica perfectamente al proceso de decadencia de la autoridad cultural burocrática. Al tiempo.


Alfredo Lucero-Montaño